Cada año, con la llegada del buen tiempo, los parques y bosques de España se llenan de vida, pero también de un peligro oculto, la oruga procesionaria. Este insecto, cuyo nombre científico es ‘Thaumetopoea pityocampa’, no solo afecta a los árboles, sino que representa un riesgo para la salud de humanos y animales.
La oruga procesionaria es la larva de una polilla que se encuentra principalmente en los bosques de pinos y cedros de Europa y el Mediterráneo. Se llama procesionaria porque se desplaza en fila, bajan en hileras de los árboles, pegadas unas detrás de otras, recordando a las procesiones de Semana Santa.
Su ciclo de vida se conforma de varias fases. Durante los meses de julio y agosto las mariposas adultas emergen del suelo y las hembras ponen los huevos en las hojas de las coníferas. Más tarde, estos huevos van convirtiéndose en orugas o larvas, creando el ‘bolsón’ durante el invierno, de septiembre a octubre. En los meses de marzo a junio, las orugas procesionarias buscan un lugar para enterrarse y formar la crisálida y convertirse en polilla de nuevo. De ahí vuelve a comenzar todo el ciclo.
Un riesgo para los animales domésticos
Esto supone un problema que pone en riesgo la salud de los animales de compañía. El periodo de mayor riesgo al que se exponen se encuentra entre marzo y junio, el periodo del año en el que el insecto se convierte en oruga. Los pelos urticantes de las orugas pueden provocar alergias e irritaciones en humanos y animales, especialmente en perros.
Pedro Ruf, veterinario experto del Colegio Oficial de Veterinarios de Madrid, advierte que “estos insectos tienen unos pelitos que pueden provocar reacciones muy graves por contacto”. Los perros, al olfatearlas o lamerlas, “pueden sufrir reacciones alérgicas severas, llegando incluso a la necrosis de la lengua si no se actúa con rapidez”. Ante cualquier sospecha de contacto, “es fundamental acudir de inmediato a la clínica veterinaria”.
Estos pelos urticantes son tricomas que contienen toxina irritante, lo que puede llegar a producir desde leves quemaduras en la piel y las mucosas, hasta provocar reacciones alérgicas graves. En casos extremos, llega a poner en peligro la vida de los animales de compañía.
Según Ruf, los síntomas más comunes en las mascotas incluyen “babeo excesivo, dificultades para respirar, vómitos y rascado intenso”. El experto recomienda lavar la zona afectada con “agua caliente o templada, sin frotar, ya que esto puede diseminar la toxina”. Además, aconseja “protegerse las manos con guantes” para evitar el contacto directo con los tricomas.
Cómo prevenir y combatir la plaga
Las administraciones locales aplican diferentes estrategias para controlar la proliferación de la oruga procesionaria. Entre ellas destacan las trampas ecológicas, que capturan a las orugas cuando descienden de los árboles.
Además, también existen tratamientos biológicos, como la introducción de depredadores naturales o el uso de bacterias que afectan su desarrollo. O la eliminación manual de nidos, realizada por equipos especializados durante los meses fríos.
Ruf aconseja que “si alguien encuentra una fila de orugas en un parque o bosque, debe evitar el contacto y avisar a las autoridades locales”. Los ayuntamientos “cuentan con servicios especializados para la retirada y destrucción de los nidos”.

Consejos para dueños de mascotas
Para minimizar el riesgo, Pedro Ruf enfatiza en que “la prevención es lo más importante”. Recomienda evitar zonas con alta concentración de pinos en los meses de mayor riesgo y llevar siempre “un termo con agua templada o caliente para lavar la zona afectada en caso de contacto”. Según el experto, “con unas simples precauciones, podríamos evitar muchos disgustos”.
Con la llegada de la primavera, el riesgo de la oruga procesionaria aumenta. La concienciación y las medidas de prevención son clave para minimizar sus efectos y proteger la salud de personas y animales.