Esta no ha sido la primera derrota del Real Madrid en lo que va de temporada, pero sí la única en que lo ha hecho habiendo merecido ganar. Tampoco puede decirse que haya sido el mejor partido del equipo, pero sí lo suficientemente bueno como para haberse llevado los tres puntos sin demasiadas dificultades.
Todo le salió cruz al Madrid. Los postes –contra los que se estrelló dos veces– y material suficiente para un mes de reportajes arbitrales en RMTV fueron obstáculo suficiente para que los de Ancelotti sucumbieran en el RCDE Stadium. Por si fuera poco, Rüdiger se rompió al poco de empezar el partido. Salvo milagro, se perderá los cuartos de final de Copa del Rey, el derbi liguero del próximo fin de semana y ambos partidos de la eliminatoria frente al City.
Haaland abrió una botella de champagne anoche. Y con razón. El partido de Tchouameni fue (otra) confirmación de su inviabilidad como central de este equipo. Además de la inseguridad que transmite (¿cómo se puede ser tan rígido?), prendió varios incendios que tuvo que apagar un gran Asencio. Las alternativas a esta calamidad para los próximos quince días son o un Alaba sin rodaje, o un invento del tipo Valverde (improbable) o el ascenso del canterano Jacobo Ramón (más improbable aún).
La noche fue rara ya desde el principio. No se ha visto un ambiente así en Cornellá para recibir a su equipo amigo jamás. Los jugadores del Espanyol, claro, se contagiaron de la calentura, y el partido empezó muy vivo y emocionante.
Con Ceballos otra vez al timón, el Madrid se hizo pronto con el control del partido. Lejos de la excelencia, el ritmo de circulación era ligero y las llegadas, aunque no muy claras, se sucedían. En una de estas, Vinicius marcó un golazo que Muñiz Ruiz invalidó inmediatamente por falta de Mbappé. Rigurosa, como poco. El delantero francés se quita de encima a Pol Lozano, que hacía varios metros que se había colgado sobre su cuello.
Unos minutos antes, hubo una mano dentro del área perica que la realización mostró tímidamente. El Espanyol jugó con tanta intensidad que, en varias ocasiones rozó los límites de lo permisible. También antes del descanso Cabrera frenó a Mbappé con un codazo –adrede, de la escuela Navarro– a la altura del pecho que se saldó sin tarjeta.
Pero lo más gordo ocurrió en la segunda parte. Si pudiera ilustrarse el párrafo del reglamento que explica las acciones de roja directa, aparecería un frame de la entrada de Carlos Romero sobre Mbappé en el 61’. El francés echó a galopar y Romero, sin ninguna posibilidad de llegar al balón, se lanzó por detrás con los tacos a la altura del gemelo del delantero. Muñiz sacó amarilla y el VAR no dijo ni mú.
El propio Romero, después de la entrada, miró al colegiado con cara de cordero degollado, esperando a que le expulsaran. En la entrevista post-partido, declaró lo siguiente: "Sabía que era imposible parar a Kylian en carrera, intenté frenarlo como pude. Fue un poco fea, no me gustó, le pedí perdón y se quedó ahí". Y tanto, que se quedó ahí.
Lo "inexplicable": Doble injusticia
No hay persona –ni perica, ni atlética ni culé– capaz de justificar la decisión. La roja la vio toda España, incluido Iglesias Villanueva, con repeticiones y cámaras lentas, que decidió hacer la vista gorda. “Inexplicable”, resumió Ancelotti después del partido.
La gravedad del asunto no quedó en seguir jugando 11 contra 11. El destino aguardaba ansioso para redoblar la injusticia: Fue Carlos Romero el que, veinte minutos después, marcó el 1-0 definitivo (85’).
El segundo tiempo del Madrid había sido mejor que el primero y, de lejos, suficiente para haber ganado en condiciones normales. Un grafismo de la televisión confirmó lo que el espectador percibía: a pesar del regreso post-sanción de Vini y del gran no-gol del inicio, el Real Madrid volcaba el juego en su ala derecha.
Rodrygo absorbiendo juego, rodeado de Lucas, Valverde, Mbappé y Bellingham. El extremo brasileño lleva ya unas semanas en un gran estado de forma y, de nuevo, fue el más peligroso del ataque blanco (hoy, naranja).
Fue el protagonista de la más clara del Madrid: condujo dentro del área y tras un par de recortes, su disparo se estrelló en el palo y quedó muerto bajo el cuerpo del portero, Joan García, que se llevó un MVP merecido. Junto con los postes y el, pongamos, desacierto de Muñiz+Iglesias, fue el responsable de que el Real Madrid no marcara.
El pinchazo multiplica si cabe la emoción e importancia del derbi del próximo fin de semana. El Real Madrid (49 pts.) recibirá al Atlético (48 pts.) en un duelo por el liderato.