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REAL MADRID 4-2 SEVILLA

Fiesta navideña en el Bernabéu
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(Foto: Real Madrid)

Fiesta navideña en el Bernabéu

Por Hugo García Reina
lunes 23 de diciembre de 2024, 07:43h
Actualizado: 25/12/2024 10:10h

Este partido había entrado en la historia antes de que el balón echara a rodar. Jesús Navas jugaría en el Bernabéu sus últimos minutos como futbolista. No es mal escenario para poner el punto final. Por si las dudas, el Real Madrid le preparó un homenaje y ambos equipos le hicieron el pasillo de honor. Durante unos minutos, todo el estadio –en el palco estaba Aznar, que aún gobernaba cuando el de Los Palacios debutó– coreó su nombre y Navas no pudo aguantarse las lágrimas.

El Madrid empezó muy bien. Inmejorable, podría decirse, pues jugó probablemente los mejores minutos en lo que va de temporada. Dominio implacable, precisión y, sobre todo, verticalidad. Ni posesiones estériles ni patapunes. Fútbol total, vaya.

No había una sola pieza que pareciera no encajar, y eso teniendo en cuenta que Tchouameni fue uno de los centrales (es centrocampista, pero convengamos que su destino, al menos en el Madrid, solo parece posible en defensa) y Camavinga ocupó el lateral izquierdo. Mola. En partidos en casa frente a rivales no especialmente intimidantes, es un recurso más vistoso que Fran García y no digamos que Mendy. Esta misma lógica implica la preferencia de Lucas por delante de Asencio/Valverde en el lateral derecho. Sin miedo a la espalda (obviamente, el Madrid necesita fichar un lateral de talla mundial), el gallego es un muy buen recurso en el ataque por derecha y en este partido volvió a demostrarlo.

En el centro volvió a jugar Ceballos que, por cierto, siempre está en el campo cuando mejor juega el equipo. Uno se alegra, recordando la ilusión que despertó con aquellas exhibiciones en la sub21. ¿Es muy tarde para soñar? ¿Cuántos años tenía Xavi cuando empezó a ser titular en el Barça?

No tardó en llegar el primero. Un golazo de Mbappé (9’), muy similar al que hizo en Balaídos, pero aún mejor. Un disparo más potente, desde más distancia y algo más presionado, en este caso. El partido se puso para que hiciera por fin su primer hat-trick, pero va a haber que seguir esperando. Es evidente que ya salió de aquel bucle maligno que le llevó hasta a buscar escapatoria en símbolos supersticiosos. Desde la fatídica noche en Bilbao (“toqué fondo”, reconoce él mismo), juega con la camiseta metida por dentro del pantalón. El estado de la cuestión, terminado el último partido de 2024, lo ha explicado el propio Kylian mejor que nadie: “Puedo hacer mucho más. Sé que tengo en las piernas mucho más, pero en los últimos partidos estoy jugando mejor”.

Diez minutos más tarde, otro cañonazo. Ahora, de Valverde (19’). El uruguayo recibió a 30 metros de la portería una jugada ensayada desde el córner y reventó el balón con el empeine exterior. En la repetición se vio que no entró por la escuadra, pero la maraña de futbolistas de por medio, la velocidad de la pelota y el efecto hacia fuera se lo puso casi imposible a Álvaro Fernández.

Rodrygo quiso unirse a la fiesta y el tercero llegó casi por inercia (33’). Brahim filtró a Lucas –fue un partido duro para Kike Salas– que esperó a que Mbappé arrastrara a toda la defensa sevillista y encontró a Rodrygo en segunda línea, a la altura del punto de penalti. El siempre discutido (lo será eternamente por la pura naturaleza de su fútbol) podrá tomarse las uvas (o lo que tomen en Brasil) bien satisfecho. Lleva tres partidos seguidos mojando: Rayo, Pachuca y Sevilla.

El 3-1 tardó en llegar lo que el Sevilla en sacar de centro. Jugada de Lukebakio y Juanlu por la derecha y remate de cabeza (otra vez, ay, a la espalda de Tchouameni) de Isaac Romero (34’). Esto añadió algo de gracia al partido, y un toquecito de atención al Madrid, que ya quería amarquesarse.

El segundo tiempo empezó parecido a lo que había sido el primero y, de nuevo, el Madrid encontró pronto la portería. Mbappé la llevó, desde la izquierda, hasta Lucas, que esperó y devolvió a Mbappé. El francés filtró con un sutil primer toque hacia Brahim, que, como se había ido perfilando al mismo tiempo que se desmarcaba, pudo definir cómodamente (52’).

A partir de entonces el Madrid bajó el ritmo, comprensiblemente. No soltó las riendas ni un minuto, pero se guardó el látigo. El dominio aplastante y cruel dio paso a una dictadurilla amable. Y encima salió Jesús Navas, así que tampoco era plan.

En el 84’ marcó Lukebakio el 2-4. Cabalgada por la izquierda y disparo seco al primer palo, que entró tras rebotar en el guante de Courtois. No sirvió para mucho, ni siquiera para calentar un poco el partido. Lukebakio, de hecho, ni lo celebró. Caminó de vuelta con el gesto impasible, y sólo movió los labios para darle las gracias a su ídolo, Jesucristo.

En el Madrid habían entrado Modric, Güler y Asencio. Sobre Endrick, digamos que tiene todas las navidades para seguir trabajando. Lo importante, de momento, es lo siguiente: La llegada del 2025 pillará a la Liga con tres equipos en tres puntos: Atlético de Madrid, 41; Real Madrid, 40; Barcelona, 38.

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