Elena y su hija, Clara, cuidaron de Lola, una perrita mestiza, durante 18 años. Cuando Lola murió, ambas lo pasaron fatal hasta el punto de que Elena no llegó a plantearse volver a tener otro perro, quizás porque necesitaba terminar de curar el duelo que le había dejado “su compañera de vida durante tantos años”. Su hija Clara llevaba tiempo pidiéndole que adoptaran de nuevo a un can y a finales de 2023 se decidieron hacerlo y se pusieron en contacto con Puro Galgo, una entidad que se encarga de rescatar “estos maravillosos seres, rehabilitarlos y buscarles una familia que les proporcione una vida digna llena de amor”.
¿Por qué un galgo? Elena tenía claro que quería adoptar un galguito porque su pareja tenía como compañero de vida a Audrey, una galguita de pelaje atigrado de 8 años, de la cual cayó “prendada rápidamente” por su carácter alegre y por lo tranquila y buena que es.
En enero, Elena y Clara viajaron de Valencia a Mérida para conocer a su nueva perrita, Selva, de seis años. “La vimos llegar con su abriguito rosa y un collar con dibujos de champiñones - recuerda Elena – Sabíamos que era una galguita temerosa, así que no nos sorprendió conocerla con cara de miedo, aunque aceptaba nuestro contacto. Cuando llegamos a Valencia, le ofrecí comida, pero comió muy poco. Le repetí varias veces en voz alta que todo lo malo que hubiera podido vivir ya había acabado, que ahora le tocaba conocer la parte buena de los seres humanos, que le tocaba ser feliz. Creo que tenía la esperanza de que me entendiera y eso le pudiera relajar”, reconoce.

Seis meses después de su adopción, Elena y Clara notaron un cambio importante en Selva, los miedos eran menos intensos y empezaba acercarse a algún perro, sobre todo, a otros galgos. “Desde que conocí la triste historia de los galgos en este país he tenido claro que quería aportar mi granito de arena para mejorarles la vida. Es muy gratificante ver feliz a un animalito que sabes o intuyes por lo que ha pasado. El primer día que la vi correr con libertad, para jugar, para disfrutar, no podía sentirme más feliz”, confiesa Elena, quien tienen la premisa de que “a los galgos no se les puede fallar dos veces”.
Cada año - según estiman las asociaciones animalistas – se abandonan en España cerca de 50.000 galgos, muchos de ellos cuando son cachorros al no ser considerados ejemplares óptimos para la caza. Protectoras como Puro Galgo buscan darles una segunda oportunidad ofreciéndoles todo tipo de cuidados (esterilización, analítica completa, serología de enfermedades, tratamientos, desparasitación y vacunas, además del acompañamiento y cuidado del día a día).
Puro Galgo es una asociación nacional que – por falta de infraestructuras- solo opera en algunas provincias (Alicante, Valencia, Barcelona, Asturias, Burgos y Madrid), aunque cuenta con voluntarios por otras zonas. Ellos se describen como una “protectora bastante pequeña” que pone toda su ilusión y esfuerzo para acoger a estos animales en casas de acogida o “alquilando plazas en algunos refugios” cuando el abandono de galgos es más elevado, que suele coincidir con la clausura de la temporada de caza en el mes de febrero. “Cuando finaliza la temporada de caza tenemos que hacer todos los esfuerzos posibles porque decir que no a un perro supone que termine muy probablemente abandonado o en manos de indeseables”, apostilla Ana Francisco, presidenta de Puro Galgo.
Según Francisco, en los últimos años, la relación de la asociación con los galgueros ha cambiado mucho y ahora incluso llegan a “negociar” para que no maten a estos animales al finalizar la temporada de caza y les facilitan todo el papeleo para la cesión del animal, pero también hay muchos perros sin papeles o a los que les arrancan el chip y les abandonan en una situación “terrible”. Francisco recuerda como “hace poquito tiempo” la protectora perdió a Pepe, un galgo que llegó en un estado “absolutamente lamentable” y con “los ojos tristes”. Su condición era tan desbastadora que cuando hicieron la analítica a Pepe el veterinario les dijo que los resultados no “parecían compatibles con la vida”. A los tres meses falleció, a pesar de todo el “cariño y amor” que la protectora trató de darle.
Francisco, ahora presidenta de la asociación, comenzó en la protectora acogiendo a un galguito que fue abandonado con las patas rotas hace once años. “Me dijeron que necesitaban una casa donde se recuperará de la operación y entonces llegó a mi vida, pero es uno de los casos menos terribles”, confiesa.
Situaciones de abusos y maltratos
Muchos de ellos pasan por situaciones complicadas de abusos y maltratos, por eso su adaptación suele ser más lenta que otras razas, aunque depende mucho de lo que haya vivido. Por ejemplo, cuando el galgo ha sido abandonado con tan solo un añito de vida coincidiendo con el fin de la temporada de caza su adaptación suele ser más rápida, siempre y cuando no haya vivido una situación “muy extrema”.
Sin embargo, este hecho puede cambiar cuando se tratan de hembras, ya que en muchas ocasiones son utilizadas para parir de forma masiva como “si fueran hornos”. Es el caso de Venus, su condena fue ser hija de Largatija, campeona de España en carreras de galgos, por lo que estuvo pariendo “por todo el país” hasta que llegó a Puro Galgo. En la actualidad, una pareja de chicos jóvenes que conocían la situación de los galgos en España decidieron adoptarla, a pesar de que la perra “estaba aterrorizada y veía en las personas una amenaza”, hoy en día, la perra sigue teniendo terror a pasear por la calle.
La situación también es diferente dependiendo de la zona geográfica en la que el galgo es abandonado, siendo Extremadura y el sur de España las zonas más “conflictivas”. Córdoba es una “zona importante galguera”, allí Javier Luna decide fundar – junto a otro compañero - Galgos del Sur para “luchar contra el abandono y sacrificio masivo de estos hermosos animales”. Un nacimiento que tiene lugar en Madrid, cuando Luna decidió acoger a un galgo en una nave pegada entre la capital de España y Toledo, llamada Las Nieves, donde vio “un mar de galgos” abandonados.

En la actualidad, la asociación Las Nieves cuenta con unos 130 galgos, una cifra que en los últimos años suele ser “bastante estable”, ya que no pueden “acoger a más” al estar “saturado” su servicio, aunque años atrás llegaron a tener una cifra mayor de galgos. Las Nieves cuenta con un convenio con una asociación belga, donde se hacen cargo de la adopción de muchos ejemplares de la protectora. “Contamos con esta colaboración desde hace muchísimos años y funciona muy bien. Se hacen adopciones responsables y tenemos absoluta confianza”, confiesan María del Carmen, coordinadora de galgos en la entidad. No obstante, también realizan adopciones en España.
“El abandono del galgo está muy ligado a las zonas rurales. Principalmente se emplea para la caza de la liebre, pero también hay otras actividades como las carreras. Y también se produce mucho robo de galgo para venderlo por tanto dinero en este tipo de actividades más ilícitas”, destaca Luna, cofundador de Galgos del Sur y presidente del partido animalista Pacma, que denuncia que los perros de caza hayan quedado excluidos de la Ley de Bienestar Animal.
Desde Pacma, quieren seguir negociando con el Gobierno de España para que esta circunstancia cambie y “hacerle ver que es fundamental que incluya los perros de caza dentro de la Ley de Bienestar Animal”, ya que desde que se aprobó esta orden “el abandono de perros de caza ha aumentado” y las protectoras “están colapsadas”. Según un informe elaborado por la organización, unos 12.295 perros de caza fueron abandonados en 2022, alcanzando la cifra de 1.105 en la Comunidad de Madrid. Datos que no recogen información de todas las protectoras de España por lo que el número se prevé que sea más elevado.
El estudio también refleja las cantidades económicas invertidas por las entidades de protección animal durante la recepción, tratamiento y puesta en adopción de estos perros. De las 194 colaboradoras, el 8,2 por ciento gastó menos de 1.000 euros; el 31,3 por ciento gastó entre 1.000 y 5.000; el 22,4 por ciento gastó entre 5.000 y 10.000; el 19,1por ciento gastó más de 10.000, y el 19 restante superó los 30.000 euros en un año.
Según este informe, el 77,3 por ciento de las entidades participantes determinó que el estado de salud promedio de los perros en el momento de su llegada era entre malo y pésimo. Estos animales requirieron, por norma general, además de cuidados básicos como alimentos, vacunas, identificación y esterilización, atención veterinaria, medicamentos e incluso atención etológica.
Polémica datos
En 2019, el dato oficial de galgos abandonados produjo una gran controversia, ya que las asociaciones animalistas cifraban en 50.000 el número de galgos abandonados cada año, sin embargo, un informe del Seprona valoró que solo se habían abandonado ocho ejemplares. Diversas revistas de caza se hicieron eco de estos datos asegurando que “desmontaban la mentira animalista” y rápidamente tuvo una reacción por parte de aquellas protectoras que se chocan día a día con la realidad mostrando en sus redes sociales su realidad.
Los datos “confundían a la opinión pública”, según Javier Luna, y dejaron de publicarse desde entonces. Pero... ¿por qué esta diferencia de datos? Pues porque muchas veces sus muertes y abandonos no son informados a las autoridades, o tiene que reunir unas “circunstancias” para ser considerados como abandonados para la unidad del Seprona.
Escándalo en la Federación Madrileña de Galgos
Además de la caza, las carreras de galgos es otra de las actividades para la que se utiliza un número “ingente” de galgos que cada año sufren “maltrato, abandono, arrastres, ahorcamientos y todo tipo de desprecio por ser considerados meros instrumentos de disfrute y prestigio personal de miles de galgueros que ejercen su afición sin el más mínimo control administrativo”.
Existen varias modalidades de carrera de galgos, sin embargo, en España solo están autorizadas la liebre mecánica y el campo abierto. La modalidad de campo abierto toma un papel importante dentro de la Federación Española de Galgos y se desarrolla cada año a través de la principal competición que es la “Copa de S.M. El Rey”. La última modalidad y la más moderna es la liebre mecánica que comenzó como actividad federada en 1986.
No obstante, los posibles abusos que se ejercen sobre estos animales para este tipo de actividad no han sido noticia en los últimos días. Si lo ha sido un escándalo en las últimas elecciones de la Federación Madrileña de Galgos, celebradas este pasado fin de semana. Y aunque se efectuaron “sin contratiempos” una denuncia formulada por presuntas irregularidades en verano pospuso el proceso electoral y días antes de su realización (5 de diciembre) acabó con la detención del actual presidente de la Federación, Alberto Núñez Gil, y dos directivos más por un presunto delito de falsedad documental relacionado con las elecciones. La Guardia Civil les acusa de falsear las firmas de los presidentes de los clubs que deben votar y otras posibles ilegalidades y amaños con el fin de conseguir lograr la máxima representación en los comicios a los que se presentaba la actual junta directiva.
La Federación Madrileña de Galgos ha señalado que “ha cumplido en todo momento con los principios de transparencia y publicidad que establece la normativa” y que el proceso electoral se llevó a cabo de forma “rigurosa”, negando así que se hayan producido irregularidades en el sorteo de las mesas electorales y amaño de votos.