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Jacinto Benavente, la plaza más fea

lunes 31 de enero de 2022, 17:12h

Vuelven a aparecer noticias sobre obras y reformas en la Puerta del Sol. En los últimos 150 años pocas corporaciones municipales se han resistido a intentar dejar sus huellas en esta singular plaza, en el corazón de la Capital.

Hace exactamente cien años, en 1922, la revista La Esfera publicó un artículo de Ramón Gómez de la Serna sobre las obras en la Puerta del Sol. En él leemos:

--Todo el mundo se atreve con la Puerta del Sol cuando lo que necesita la Puerta del Sol es conservar siempre su carácter, ese tipo espontáneo que le ha salido, esa cosa sincera y arbitraria que tiene.

Y, más adelante:

--Los proyectistas de la Puerta del Sol son absurdos.

A los ediles madrileños, sobre todo los de las últimas décadas, parece que les molesta cualquier elemento en un espacio público. Ahí están esas plazas horrendas -la última la de España- transformadas en eriales de granito. Ahora parece que en Sol les molesta que haya estatuas (3), dos fuentes y algunos kioscos alineados en el arco norte de la plaza. Mucho me temo que pronto veremos otra enorme pista granítica en la que asarnos a fuego lento cuando suban las temperaturas.

Este empeño en reformar Sol contrasta con la indiferencia sobre otra plaza, igualmente céntrica y, desde mi punto de vista, la más fea de Madrid. Me refiero a la de Jacinto Benavente, a doscientos metros de Sol. He tenido dudas en decidirme por esta ya que tengo una lista amplia de plazas que me parecen horrendas. Una consulta limitada a mi entorno ha concluido conmigo en que la de Benavente merece el primer lugar. Alguna vez he oído rumores sobre su posible reforma, pero nunca han cristalizado. Ahí sigue el paso subterráneo, con su degradada barandilla de metacrilato (¡A quién se le ocurriría!) y el edificio en la esquina con Carretas, levantado sobre el solar donde estuvo hasta los años treinta del siglo pasado el teatro Romea. Teniendo edificios nobles e, incluso, hermosos, como el del teatro Calderón y el del Registro Civil Central, sorprende la fealdad del conjunto. Cierto que esta, como tantas plazas madrileñas, surgió de distintos derribos y que el espacio original nunca fue concebido como plaza. Recordamos el empeño de José Bonaparte en tirar manzanas para abrir plazas, lo que le valió el mote, entre otros, de Pepe Plazuelas.

En la plaza de Benavente -el escritor vivió en la calle Atocha, a pocos metros- convergen las calles Carretas, Bolsa, Atocha, Doctor Cortezo y la plaza del Ángel. En el centro de la plaza tienen parada o cabecera varias líneas de la EMT. En los últimos años se ha convertido en un punto de concentración de personas sintecho, que duermen en las distintas esquinas. Una solitaria estatua de homenaje a los barrenderos es el único elemento ornamental. El arbolado está descartado porque bajo la plaza hay un aparcamiento.

No soy urbanista ni arquitecto, pero se me antoja que proporcionar un poco de armonía y belleza a la plaza es labor harto complicada. Sobre todo si no se acomete.

¿No sería mejor dejar Sol en paz durante unas décadas y prestar atención a otros puntos que sí muestran una degradación galopante? La cuestión debe estar en que hacer proyectos para Sol da muchos titulares y reformar la modesta plaza de Benavente, no.

Antonio Castro

Cronista Oficial de la Villa

Periodista durante 35 años en RTVE, especializado en información local y de cultura. Autor de varios libros sobre historia teatral. Desde el año 2007 es Cronista Oficial de la Villa de Madrid

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