Lo dijo Alfonso Guerra: “El que se mueve, no sale en la foto”, aunque la frase no parece ser de su propiedad, pero con ella advertía que un militante o simpatizante, tenía que cuadrarse con el jefe, quedarse calladito, servirle a los de arriba, “para recibir algo de hueso”.
El PP no saber convivir con la felicidad en tiempos propicios, no saber estar tranquilo en época de bonanza, carece de temple para que la fruta de la intención de voto, madure. Y cuando se presagia una buena cosecha, llegan los inoportunos nubarrones, que descargan y lo anegan todo, para disfrute del enemigo político.
El frente abierto por el asalto a la presidencia del partido en Madrid, está desbaratando lo que era un momento dulce para las aspiraciones de Génova. Y surgen los que echan a perder la cosecha que tanto costó recuperar.
Isabel Díaz Ayuso tiene la lícita aspiración de presidir el PP en Madrid, lo que los palmeros de la planta noble de Génova, interpretan como un primer paso de ésta hacia la presidencia nacional del partido, y ahí aparece García Egea como escudero incondicional de Pablo Casado. Por mucho que Ayuso diga que sólo quiere ir a la Moncloa para ver al jefe cuando sea presidente, los cruzados de Génova andan con la mosca detrás de la oreja. Unos y otros aprovechan los congresos regionales de Castilla-La Mancha y Andalucía, para lanzar pullas o puyitas con ábregos presagios. Irrumpe en este galimatías una mujer resentida por el trato recibido desde la dirección del PP: Cayetana Álvarez de Toledo, y hala, más leña al fuego.
Los que se mueven no salen en al foto, y los que se quedan quietecitos, salen borrosos. En fin, que la foto de un PP feliz, se estropea, sale movida por las movimientos intestinos. Y el contrario se frota las manos y se sienta a contemplar como ellos solitos se destrozan. Y a todo esto: ¿dónde está el líder?