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Lo bueno de lo malo

sábado 26 de diciembre de 2020, 12:02h

Estas Navidades atípicas, insólitas, impensables, no sólo nos han traído restricciones de movilidad y de agrupamiento, sino páginas de sucesos casi desiertas de víctimas en la Nochebuena y la Navidad. Las reuniones familiares limitadas, el toque de queda y los escasos desplazamientos de un lugar a otro, han propiciado que el número de intoxicaciones etílicas, de accidentes de tráfico y de peleas y broncas callejeras, se haya reducido de forma considerable. Ha sido lo único bueno de lo malo que para estas Navidades nos ha traído la maldita pandemia.

Esto por lo que se refiere a la actividad externa, es decir, a los incidentes ocurridos fuera de casa, porque si contabilizáramos los de puertas para adentro, en el hogar, seguro que también ha habido menos discusiones, reyertas entre cuñados, broncas de menú y desafueros en los brindis. A menos comensales, menor riesgo de fricciones.

Otra de las cosas buenas de esta situación desconocida, ha sido la práctica ausencia de cohetería en las calles, plazas y portales. No hemos soportado este año esa auténtica guerra de estruendo, sobresaltos y tracas sin tasa que se prolongaba desde la tarde de Nochebuena hasta bien entrada la mañana de Navidad. ¡Por Dios, qué alivio! Eso sí, todo ello para quebranto de los fabricantes pirotécnicos y de sus distribuidores, especialmente las tiendas de chinos, vendedores de la artillería de cohetes que atronaban la “Noche de Paz”, lapidaban nuestros oídos y descabalgaban nuestro descanso navideño.

Sólo hay que esperar a que en Nochevieja se repita la jugada. No hay bien que por mal no venga.

Ángel del Río

Cronista Oficial de Madrid y Getafe

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