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Constitución incumplida y reformable

jueves 07 de diciembre de 2017, 11:48h

Ayer cumplió 39 años la Constitución española y anteayer acudí al acto que tradicionalmente organiza la Presidencia de la Comunidad de Madrid para conmemorar la fecha. Allí quedé bastante sorprendido por el discurso de la presidenta, Cristina Cifuentes. Un discurso poco elegante, con más alma de arenga partidista, frentista y excluyente que de corazón institucional, tolerante y de abrazo a la región que preside. A toda la región que preside, no sólo a las amistades poderosas.

Es clásico de la derecha española, con la indiferencia de la izquierda, el apoderarse de símbolos, elementos o patrimonio que lo son de toda España. Desde la copla hasta palabras como “popular” llegando a término con la Constitución de 1978. Y es que, treinta y nueve años después, quienes más criticaban la Carta Magna, aparecen ahora como sus defensores, adalides, y, evidentemente, abanderados.

Cierto que en esta época de postverdades se cambia la realidad de un día para otro, pero no se puede obviar que el partido heredero, “refundado” para dar a luz al PP de Cristina Cifuentes, lo que fue Alianza Popular, muy poco hizo por el constitucionalismo. De los seis votos en contra que tuvo la Constitución recién redactada, cinco pertenecieron a diputados de AP: Gonzalo Fernández de la Mora, Alberto Jarabo, José Martínez Emperador, Pedro de Mendizabal y Federico Silva.

El propio José María Aznar, declaró que, como votante de a pie, la votó en contra. Además, otros tres diputados del grupo de Manuel Fraga, se abstuvieron. Uno de ellos, Alvaro de Lapuerta, sería años después tesorero del PP, entre 1993 y 2008, por lo que fue imputado en el caso Bárcenas. Pudo librare del banquillo debido a una “demencia sobrevenida”.

Creo que es bueno que en las clases de Historia de España contemporánea se explique esto, que luego vienen a darnos clases de constitucionalismo a quienes la alentamos con más fuerza. Para romper con el franquismo había dos opciones, o una revolución que en España era inviable porque, al contrario que en Portugal, los militares no estaban por la labor; o una reforma, único método posible en España.

Y es que, tal como explica Nicolás Sartorius, la Constitución supuso la ruptura con los Principios del Movimiento Nacional, fue la negación absoluta del franquismo, por eso quienes no la querían hace treinta y nueve años era la derecha, hoy encarnada en el PP.

Claro que hubo que ceder por todas partes para lograr conquistas históricas en nuestro país. La bandera, tan aireada estos días, es rojigualda, pero conquistamos el derecho de huelga, la legitimación de los sindicatos de clase, algo que se le olvida a Cifuentes en los discursos, y de la negociación colectiva, algo que nos quieren arrebatar con reformas laborales de música inconstitucional.

Según el CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas), la preocupación de los españoles por la independencia de Cataluña ha descendido al cuarto puesto, sin embargo, la presidenta de la Comunidad de Madrid, el pasado día 5 quiso volver a tensionar con el asunto. Por supuesto que no soy secesionista, por principio, porque soy de izquierdas y ello implica unidad de clase e internacionalismo, pero Madrid no puede estar mirando permanente y prioritariamente a Cataluña. De igual manera, denuncio el golpe de mano que ha intentado el nacionalizo catalán, contra toda legalidad constitucional, sin ninguna legitimidad democrática y rompiendo la sociedad catalana, con una fractura difícil de soldar. Pienso que la historia nos ha demostrado que como afirma el Presidente Juncker, el nacionalismo es veneno. Lo es el catalán y el español.

La Constitución es algo más que banderas megalómanas, que normalmente separan más que unen, y desvertebración territorial. Precisamente, si se cumpliera la Constitución seguramente disfrutaríamos de un estado vertebrado garante de bienestar social e igualdad.

En mi opinión, el Día de la Constitución también pasa por reclamar esa igualdad y el cumplimiento derechos que ésta consagra. Como a una vivienda digna (artículo 47); a una sanidad pública que nos quieren arrebatar (artículo 43); a una educación pública y de calidad, que maltrata la derecha en beneficio de la privada y religiosa (artículo 27). La Constitución la incumple Mariano Rajoy en su artículo 37, cuando sube el IVA…

Nada oí a Cristina Cifuentes en su discurso sobre el artículo 50 de la Constitución, que versa sobre el derecho a unas pensiones adecuadas, más allá del derecho a pensión. Por supuesto, nada dijo del deber y el derecho al trabajo, perfectamentente desarrollado en el artículo 35. Los adalides de la Constitución, la están convirtiendo en papel mojado y se escandalizan cuando se plantea una reforma.

El escándalo fue la reforma que, con agostidad y alevosía, se realizó en el año 2011 sin contar con el beneplácito de la ciudadanía. En aquella fecha se reformó el artículo 135 en lo que es un cambio más profundo que dotar a la Constitución de un mayor espíritu federal. Ese cambio, tanto que se desgasta la palabra España, implica la pérdida de nuestra soberanía económica. Fue una imposición de la todopoderosa Ángela Merkel que nos obliga a la “estabilidad presupuestaria” y que el pago de la deuda pública sea lo primero a pagar frente a cualquier otro gasto.

Las Comisiones Obreras estamos orgullosas de nuestro papel para aprobar esa Constitución que fue ruptura del franquismo. Una Constitución que surgió en una coyuntura muy concreta y que ha servido durante casi cuarenta años, un periodo de tiempo similar al que padecimos de franquismo. La sociedad evoluciona y las normas deben llevar el mismo ritmo que la sociedad.

Jaime Cedrún es secretario general de CCOO de Madrid

Jaime Cedrún

Secretario general de CCOO Madrid

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