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Hablar en público y el mundo laboral

martes 24 de octubre de 2017, 10:37h
Una buena oratoria no solo es útil para convencer a los demás con palabras. También puede ayudar en tu carrera profesional.
Hablar en público y el mundo laboral

La expresión oral es el mejor sistema de comunicación que existe. A lo largo de la historia, hay discursos que han llegado a cambiar el rumbo de esta, tanto para bien como para mal. Todo ello debido a que las personas que los impartieron tenían una gran capacidad para hablar en público y llegar a la mente de quienes escuchaban a un grado muy profundo. Por ello, se considera que una buena oratoria es fundamental para quienes tienen que liderar. Aunque saber hablar en público no es algo limitado a políticos y personalidades del mundo de la cultura, por ejemplo. También es interesante para convertirse en un buen profesional e incluso para quienes buscan acceder a un nuevo puesto de trabajo.


Desde el trampolin nos destacan algunas claves acerca de hablar en público y cómo nos beneficia mucho más de lo que imaginamos.

La oratoria es mucho más que hablar


Subirse a un escenario y disertar acerca de un asunto no nos convierte de inmediato en buenos oradores. De hecho, expresar de una forma significativa requiere más que el uso de las palabras. Los gestos, la postura y la expresión corporal, entre otros muchos elementos que componen un lenguaje no verbal, determinarán el grado de atención que se conseguirá en el auditorio.


Los buenos oradores no solo saben hablar bien. También son buenos lectores, escriben de forma correcta e incluso saben escuchar. Es en el dominio de estas cuatro habilidades donde reside la clave para hablar en público de una forma significativa. Dos personas pueden estar utilizando exactamente las mismas palabras, y sin embargo una sola conseguir su objetivo.

Los buenos oradores tienen ventajas laborales


Una buena oratoria es una ventaja a la hora de acceder a un puesto de trabajo. No solo para ejercer cargos directivos o si se trata de trabajar exponiendo en público alguna cosa, que es evidente que es fundamental. Ya desde la entrevista inicial un responsable de contratación puede tener una buena o mala sensación con la persona que hay enfrente, dependiendo de si esta es capaz de mantener una conversación fluida y expresar de forma clara sus ideas.


Ser un buen orador no significa empezar a hablar y no parar, o ser capaz de hablar de cualquier tema sobre el que nos pregunten. Supone saber organizar las palabras del modo adecuado, consiguiendo la atención de quien está frente a nosotros. Tener las cosas claras, sabiendo expresar ideas u opiniones del modo correcto nace que ganemos en confianza. Lo que al final se traduce en una grata sensación, tanto para quien habla como para quien escucha.


Y es que, aunque se considere que es algo bastante habitual, los buenos comunicadores no abundan. De modo que ser uno de ellos te hará ganar en relevancia con respecto al resto. Además, podrás mejorar de forma significativa tu estatus laboral, ya que al poder expresarte mejor conseguirás acceder a puestos superiores, que normalmente exigen un trato con los demás de forma más comunicativa.

¿El buen orador nace, o se hace?


Hay quien piensa que saber hablar realmente bien en público es una cualidad innata. Que quienes no son capaces de desarrollarla en sus primeros años de vida, podrán llegar a dar un discurso o expresarse, pero nunca de tal modo que se les pueda definir como buenos oradores.


Algunos sienten un miedo muy grande a la hora de hablar a un público numeroso, lo cual también puede suponer un impedimento a desarrollar estas cualidades.


En cualquier caso, es posible aprender a ser un buen comunicador. Incluso a acabar con el bloqueo mental que puede ser un hándicap para muchos. Los cursos de oratoria han ayudado a muchas personas a conseguirlo, llegando a ser excelentes oradores con la capacidad de organizar bien sus ideas y expresarlas de un modo significativo.

Lo que puede aportar un curso de oratoria


El reto que supone para muchos hablar en público no dejar de serlo a pesar de tener conocimientos y saber técnicas para hacerlo. No obstante, es mucho menor cuando se cuenta con una buena base. Una base que se consigue gracias a dos cosas: la práctica y el aprendizaje continuo.


La primera no suele ser habitual, ya que a no ser que nuestro trabajo nos exija hacer exposiciones y dar conferencias de forma regular, la gran mayoría no tendremos muchas oportunidades para hacerlo. Salvo que dediquemos tiempo a ensayar y hacer simulacros de discursos por nuestra cuenta.


En el caso del aprendizaje, los cursos de oratoria ayudan a desarrollar las capacidades y mejorar a través de una serie de estrategias. No solo para quienes quieren aprender a expresarse delante de un grupo de personas, sino también para quienes lo hacen a menudo.

Los cursos de oratoria se adaptan al nivel y las características de la persona que quiere hacerlos. Es posible hacer sesiones individuales y encontrar la mejor manera de cubrir las necesidades que son más evidentes en un principio, e ir aumentando de nivel a medida que se desarrollan las capacidades.


Este tipo de cursos, al menos los que de verdad son eficaces, no se limitan a enseñar técnicas para hablar. Se centran más bien en todo aquello que está envuelto en la comunicación, aunque a primera vista no se aprecie. Tener una postura correcta, el tono o la velocidad a la que se exponen las palabras dependiendo de las ideas, los gestos e incluso el aplomo con el que se está frente al público son mucho más importantes de lo que parece. Incluso tener tu propio estilo se puede conseguir con la orientación adecuada. También se trabaja la gestión del miedo, la vergüenza o los nervios, para que pese a que están ahí, estos puntos negativos no se noten cuando exponemos algo delante de otros.


Si quieres mejorar a nivel laboral, necesitas enfrentarte al reto de dar un discurso o simplemente quieres mejorar tu oratoria para ganar confianza, puedes aprender a hacerlo. No importa la edad que tengas.