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¡Danzad malditos!
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¡Danzad malditos! (Foto: Antonio Castro)

¡Danzad malditos! Extenuación

viernes 27 de noviembre de 2015, 10:36h

¡Danzad malditos! fue una creación de la pasada edición del Frinje. Se programó dos días en el Matadero pero causó tal impacto que ha visto prolongada su vida escénica. Ahora se ofrece, también en las Naves del Español, hasta el 13 de diciembre.

Este es un espectáculo concebido por Alberto Velasco que necesita un elenco entregado y en extraordinaria forma física. Porque si, viéndolo, el espectador siente extenuación, no quiero pensar cómo acabarán los intérpretes.

‘They shoot horses. Don’t they?’ (Ellos disparan a los caballos) fue una novela de Horace McCoy adaptada para el cine por Sidney Pollack en 1969. Nosotros la conocemos como ‘Danzad, danzad malditos’. Pero el título original nos da la pista sobre la abundante iconografía equina de este espectáculo. Narró una competición de baile durante la Gran Depresión. Las parejas participantes aguantaban sobre la pista hasta el límite de sus fuerzas. Cada una tenía una historia de fracaso y desesperación. Ese espíritu es el que subyace en el montaje de Velasco. No hay posibilidad de clasificación: no es danza, no es teatro puro, no es un musical… pero tiene elementos de todos estos géneros. Si bien, desde mi punto de vista, el literario es el más endeble. Algunos de los textos que recitan como pueden (por la fatiga) los actores son de una vacuidad alarmante. Parecen trascendentes, pero son mera palabrería. El auténtico interés de ‘Danzad malditos’ está en su propuesta estética y en la entrega de los intérpretes. La verdad es que queda muy evidente la desesperación de sus personajes y la energía que deben derrochar para sacarlos adelante. Con la dificultad añadida de desenvolverse sobre un lecho de tierra que los va rebozando, mientras la polvareda que levantan llega hasta el público. No cabe mayor inmersión en la escena.

Las coreografías que salpican el montaje son sencillas, pensadas para que cada uno de los trece intérpretes pueda participar en ellas. No hace falta ser un virtuoso de la danza, pero sí un entregado actor a la causa de Velasco.

Igualmente poderosas e impactantes son las imágenes que se crean con una extraordinaria iluminación. No vi la propuesta original pero, imagino, la habrá revisado y mejorado para esta explotación comercial. Estamos ante un espectáculo profesional en toda la regla. Para disfrutarlo creo que hay que dejarse envolver por el ambiente y ponerse en la piel de esos desheredados que ponen las esperanzas para su salvación en ganar el concurso. A medida que van siendo descalificados, vemos sus fracasos, sus miedos y, también, su rencor hacia los que siguen en el baile. Y solamente quedará una pareja, aunque el resto no desaparece nunca de la escena. Tiene música original de Mariano Marín y canciones de la Piaf. La poderosa y singular voz de Verónica Ronda (a de Alberto Frías en algunas funciones) complementa lo que ahora se ha dado en llamar ‘espacio sonoro’.

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¡Danzad malditos! (Foto: Antonio Castro)
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