Pocas veces en la historia de España ha habido un cacao como el que actualmente impera en la política madrileña. No se recuerda otra igual: que a cien días de las elecciones no sepamos quíen se presenta, excepto los incombustibles candidatos de UPyD, que inician una precampaña tímida porque sin contrincante, ya se sabe, esto resulta mucho más complicado. Y Carmona, que ese sí se ha tomado a pecho la precampaña, y lleva en ella desde agosto del año pasado. Aunque algunos le consideren ahora el "hombre antorcha", de momento parece estar salvándose de la quema, y eso que era casi impensable que pudiera mantenerse como cabeza de cartel después de salir escoltando -y apoyando con su silencio- al rebelde Tomás Gómez en su rueda de prensa-mitin del miércoles, tras ser cesado por la Dirección Federal del PSOE.
El PSOE en Madrid ha sido históricamente un saco de líos. Peleas, intrigas, luchas entre famiilas, diferentes sensibilidades dispuestas a sacarse los ojos. Pero, sobre todo, esto sucedió desde que empezó a decaer electoralmente: donde no hay harina, ya lo dice el refrán, todo es mohina. Elección tras elección, optasen por quien optasen -viejas glorias, nuevas incorporaciones, "paracaidistas"...- los resultados no acompañaban, y el PP parecía inamovible en su "feudo". No es de extrañar que muchos se desesperaran. Pero también es verdad que hemos atravesado por un momento amargo de la política, donde algunos han convertido la vocación de servicio público en una profesión en la que pretendían jubilarse.
Ahora, el PSOE de Pedro Sánchez ha tomado una decisión sin duda polémica: apartar al secretario de los socialistas madrileños de su puesto, y retirarle como candidato electoral a la Presidencia de la Comunidad de Madrid. Todas las encuestas habidas hasta la fecha apuntaban en la misma dirección: si el líder del PSM cosechó en 2011 los peores resultados de la historia de la democracia para su formación en Madrid, el 24-M la cosa iba a ser todavía peor. El PSOE avanzaba inexorablemente hacia el precipicio, y su caída al abismo era evidente para todos excepto para el propio Tomás y algunos -muy pocos- de sus más cercanos colaboradores. Si Tomás Gómez fuera de otra manera, el partido podría haber negociado con él, haberle convencido para que diera un paso atrás, buscar una salida digna sin hacer mucho ruido. Pero claro, entonces Tomás no sería Tomás, ese hombre que en ocasiones se parece al Quijote que lucha contra los gigantes, y otras se queda sólo en su caricatura.
Qué consecuencias va a tener esto en el PSOE y en los resultados electorales es algo que aún está por ver. Pedro Sánchez puede salir reforzado en su liderazgo, si consigue frenar el motín y que no se le desmande nadie más. Pero también puede resultar seriamente perjudicado si la revuelta continúa y no consigue imponer su liderazgo. O si alguna otra persona de su partido decide aprovechar el río revuelto para intentar que el secretario general se ahogue y deje el campo libre. En cualquier caso, lo que ocurra el 24-M en Madrid ahora va a ser responsabilidad exclusiva de Sánchez.