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Lo del Teatro Español

martes 06 de mayo de 2014, 18:42h

Estoy leyendo distintas informaciones sobre la futura designación del nuevo director del Teatro Español, responsable igualmente de los demás espacios escénicos municipales. Realmente, no consigo aclararme del procedimiento a seguir para este nombramiento. Aun así, no renuncio a plasmar algunas reflexiones personales sobre el tema.

Creo, en primer lugar, que se quiere empezar la casa por el tejado. Nombrar un gestor sin delimitar previamente sus funciones, abre la puerta a una gestión personalista que, como se ha demostrado en etapas anteriores, provoca numerosos conflictos de intereses. Con un catálogo de funciones y limitaciones perfectamente trazado, se podría elegir un director, que tendría claro lo que puede o no hacer durante su mandato. El Teatro Español, en manos del Ayuntamiento durante gran parte de su historia, ha tenido desde el siglo XIX algunos reglamentos que marcaban su funcionamiento. Destaca el Real Decreto orgánico de los teatros del Reino y Reglamento del Teatro Español, promulgado en 1849, y el Reglamento del Teatro Español, de 1871. Desde luego, no cabe inspirarse en ellos para marcar las directrices de gestión actuales. Sobre todo el de 1871 dejaba casi todo el poder en manos del director artístico, adjudicatario del teatro por concurso público. Y es que el Español fue arrendado a profesionales privados hasta bien avanzado el siglo XX. La pareja Vico-Calvo, Ramón Guerrero (padre de María) y hasta Jacinto Benavente fueron empresarios privados del teatro municipal. No sé si, actualmente, existe algún tipo de norma que regule el funcionamiento del teatro, más allá de los procesos burocráticos derivados de su dependencia del presupuesto municipal anual de Madrid. Creo que no existe norma y también creo que debería redactarse.

Un director debe saber qué puede o no puede hacer en este teatro público. El reglamento -vamos a llamarlo así- debería establecer incompatibilidades, como la contratación de familiares directos, la posible multiplicidad de funciones del director titular, la apertura a todos los sectores profesionales de la Capital o la dinamización de este sector artístico especialmente castigado por la actual situación económica. No deja de sorprenderme que, en las últimas temporadas, compañías y productoras de otras autonomías -sobre todo de una...- tengan permanentemente abiertos los teatros que pagamos los madrileños, artistas incluidos. Y sin que haya reciprocidad, claro. Los teatros que financiamos los madrileños deberían preferentemente -no exclusivamente- revertir el dinero que gastan en empleo para los profesionales que pagan aquí sus impuestos.

También deben regularse claramente las coproducciones con el sector privado. Si el Español -u otro teatro municipal- financia en parte un montaje, debería tener la parte proporcional de los beneficios que genere una explotación comercial. Supongo que ya se hace, pero deberían constar claramente las condiciones de aportación de capital público a proyectos de empresas privadas. Y la obligación de compartir su posible beneficio.

Además, deben establecerse mecanismos que garanticen el nivel de calidad artística exigible en el primer teatro de Madrid. En los últimos meses se han presentado en el Español y en las Naves del Matadero algunos montajes de ínfima calidad. Tengo la impresión de que, sobre todo esta temporada, los teatros se están programando a salto de mata. Así se explica que algunos espectáculos prorroguen las actuaciones, en una temporada supuestamente cerrada. Eso parece indicar que están llenando huecos en los que no había nada programado. Sin discutir que estos espectáculos tengan aceptación y, por tanto, sea oportuno prorrogarlos.

Volviendo a la elección del nuevo responsable, según la noticia que leo en El País, el PSOE municipal propone que lo elija una comisión con representantes de todos los sectores escénicos.

Pero ¿quién va a elegir a los miembros de esa comisión? El responsable del PP, Pedro Corral, parece que también quiere otra comisión, elegida ¿por quién? Me parece más oportuna la posición de UPyD, proponiendo un gestor con experiencia en el sector cultural. Si éste fuera ajeno a determinados sectores, tendría más independencia para desarrollar una gestión ecuánime.

Pero, ya que todo el sector cultural se muestra contrario a posibles privatizaciones, debe ser el "empresario", o sea el Ayuntamiento, quien haga el nombramiento y responda del mismo ante los madrileños. Un director elegido por los profesionales ¿tendría independencia para negar trabajo a quienes le han votado para el cargo? ¿Daría trabajo a los compañeros que NO le votaron para el puesto?

Algo en los que los representantes políticos parecen estar de acuerdo es en hacer un nombramiento para un periodo de cinco años. Nada que oponer si se establecen mecanismos para destituirlo en caso de gestión nefasta que aleje al público de los teatros o menoscabe su calidad.

Si el nombramiento se produjera por los compañeros, y el Ayuntamiento quisiera revocarlo por una gestión dañina, inmediatamente saldrían las voces denunciando conspiraciones, represalias políticas o ideológicas, o persecuciones. Resultaría sumamente lesivo para los intereses de los madrileños -y del sector escénico- mantener forzosamente durante ¡cinco años!, a alguien que se muestre totalmente incapaz o sectario.

Sería deseable el mayor consenso para esta elección, primando la idoneidad de los candidatos sobre otras consideraciones. Y, desde mi punto de vista, también sería muy oportuno sentar las bases futuras -claras y concisas- para la gestión de los teatros municipales. También de los nacionales, pero ese es otro capítulo.

Antonio Castro.
Cronista de la Villa. 

Antonio Castro

Cronista Oficial de la Villa

Periodista durante 35 años en RTVE, especializado en información local y de cultura. Autor de varios libros sobre historia teatral. Desde el año 2007 es Cronista Oficial de la Villa de Madrid

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