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Mercados municipales en la encrucijada

miércoles 29 de enero de 2014, 08:29h

Con la excepción de las que tienen su origen en asentamientos griegos, fenicios o romanos, la mayoría de nuestras ciudades actuales se configuraron en torno a encrucijadas durante la época medieval. Desde esa privilegiada ubicación se convirtieron en lugares de intercambio de mercancías, dando origen a los mercados, que una vez asentados en cada ciudad, contribuyeron decididamente a su desarrollo y expansión. Durante siglos, la importancia de cada urbe fue pareja a la pujanza de sus mercados y, en torno a estos, se articuló el devenir diario de sus barrios.

En nuestro país, con la creación de los regimientos y su posterior transformación en ayuntamientos, se estableció como competencia propia de éstos la gestión de los mercados. Y así hemos llegado hasta hoy, calificados de servicios públicos en las leyes de régimen local (mercados de abastos).

Sin embargo, quienes nacieron en encrucijadas de caminos hoy se debaten en nuevas encrucijadas de intereses que amenazan su propia existencia. La progresiva incorporación de la mujer al trabajo, la aparición de las grandes y medianas superficies, y los nuevos hábitos de compra, supusieron un declive de estos centros. La desregulación comercial, la ampliación de horarios y la ausencia de políticas públicas impulsoras de su modernización, fueron golpes añadidos a este deterioro. En el caso de Madrid, además, la feroz especulación urbanística frenó su expansión a los nuevos barrios (Ensanche de Vallecas, Pau de Carabanchel, Las Tablas, Sanchinarro...) favoreció su privatización (mercado de Torrijos), e incluso propició algunos cierres (Atocha, Puerta Bonita...)

El tímido Plan municipal de modernización de los mercados, demandado por las asociaciones de comerciantes y los usuarios, ha conseguido, en algunos casos, frenar ese deterioro incorporando medianas superficies y, en otros, mejoras en los accesos, pavimentos, iluminación...que les han permitido seguir subsistiendo. En cualquier caso, y salvo puntuales excepciones (San Antón), lo que no ha conseguido ese plan ha sido una transformación y una modernización real y a fondo de estos establecimientos, por no mencionar a los que están esperando que algún día les llegue esa rehabilitación (Los Mostenses, La Cebada, Villaverde, Vallehermoso, San Pascual...)

Paradójicamente, la política del Partido Popular en este ámbito se ha movido entre la inhibición más absoluta en la gestión pública de este servicio municipal, y el descarado intrusismo en los asuntos internos de estos mercados para defender intereses particulares. Ejemplo de esto último ha sido su actuación en el Mercado de Ventas que ha obligado a su asociación de comerciantes a entrar en concurso de acreedores. Y sobre lo primero, la inhibición, basta con leer la nueva Ordenanza de Mercados Municipales aprobada en el 2010 para saber de qué estamos hablando. En otras palabras, el gobierno municipal se comporta aquí como el perro del hortelano: ni interviene en lo que debería, ni deja de intervenir en lo que tendría que abstenerse.

Lo que pudiera ser una contradicción en realidad no lo es, sino que responde a la propia ideología y forma de actuar del Partido Popular. Por un lado, no creen en lo público, les estorba, y los mercados municipales son públicos desde el mismo momento que están ubicados en inmuebles municipales y tienen la consideración de servicio público. Por ello, en más de una ocasión se han pronunciado por su directa desaparición.

Por otro, necesitan instrumentalizar estos bienes públicos con el objetivo último de su privatización. Por ello, además de renunciar a la gestión directa de estos establecimientos -es significativo que el Título II de la Ordenanza que regularía esta forma de gestión esté enteramente en blanco-, el paso siguiente que están dando es la progresiva sustitución, como concesionarios de la gestión, de las asociaciones de comerciantes por empresas privadas, aunque estas no tengan experiencia en el sector, ni relación alguna con el comercio minorista ni la distribución comercial (véase los últimos casos de los mercados de Numancia y de San Enrique adjudicados a una empresa recién creada y a una constructora)

Esta renuncia a la gestión directa y el apartar a los comerciantes de la gestión de su mercado municipal, puede o no responder a la salvaguardia de ocultos intereses, pero lo que sí es cierto es que aboca a los mercados municipales a un difícil presente y a futuro extremadamente negro.

Y esto es lo preocupante por lo que supone de restricción a la competencia comercial, la desaparición de un formato de distribución comercial definido como comercio de proximidad, necesario para muchas personas que no pueden o no quieren moverse más allá de su barrio para comprar, por afectar a miles de familias que tienen en su banca o puesto en el mercado su medio de vida, por los miles de puestos de trabajo cualificados que desaparecerían y, también hay que decirlo, porque el mercado municipal articula la vida del barrio donde se ubica. Parece ser que en otras ciudades así lo han entendido, y así se preocupan de sus mercados municipales. En Madrid, como en tantas otras cosas, no es el caso.

El gobierno de Ana Botella ya no es que opte por la privatización de los servicios públicos, algunos muy esenciales para los ciudadanos, es que no afrontar los problemas y su urgencia es quitarse de encima la gestión de la ciudad. Es el "no gobierno".

En el Grupo Municipal Socialista y en el PSM estamos preocupados, y así lo hemos denunciado, de esta desidia municipal hacia los mercados y del futuro incierto de los mismos. Por eso, hoy en la oposición y mañana en el gobierno, trabajamos para despejar ese futuro y que el camino que tomen sea el más favorable para los intereses de sus comerciantes y de sus clientes, que es tanto como decir el de todos los ciudadanos que componemos esta gran capital.

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