La versión de esta comedia de 1636 es clara y directa.
Los enredos están perfectamente ordenados para que el espectador no se pierda
en los conflictos de estos personajes que buscan amores y venganzas. Don Juan,
soldado burgalés, llega a Madrid para conocer a doña Inés, con la que va a
casarse. Pero también quiere vengarse del asesino de su hermano y de la deshonra
de su hermana. La casa de su futura esposa en la calle Alcalá es el punto donde
convergen todos los conflictos. Don Lope parece ser el seductor de Inés, y
también es el enemigo del que debe vengarse el galán. Al final de una serie de
encuentros, equívocos y duelos, todo el mundo queda resarcido.
Liuba Cid y los actores del Mephisto teatro ofrecen un
vodevil disparatado con economía de medios y mucho talento. Nos encontramos
ante una representación como si se hubiera producido en un corral de comedias.
Un telón pintado es el único decorado y los actores miman entradas y salidas a
la vista del público. Además, esta compañía se permite un lujo: el
extraordinario vestuario de Tony Díaz realizado con papeles y cartones. El
resultado es espléndido y los figurines muestran una gran creatividad.
Otra evidencia para el público es que los actores se
divierten con la representación y transmiten alegría al patio de butacas. Con
mucha frecuencia, los directores se acercan al repertorio clásico con miedo,
solemnidad y reverencia, aunque sean comedias de enredo como la que nos ocupa.
Esta compañía entiende qué es un disparate, y busca hacer disfrutar
al público sin ningún pudor en exagerar los arquetipos. El figurón (Rey
Montesinos) se desmadra sin ningún temor al ridículo, el criado Sancho (Justo
Salas) acentúa su físico de gañán desgarbado y las damas no se recatan en
manifestar su admiración por los hombres más agraciados.
Además, es sumamente
meritorio que los actores se desenvuelvan con agilidad embutidos en esos
complicados trajes. El resultado es un espectáculo con ritmo acelerado, con una
deliciosa interpretación del verso y con un humor inteligente que se agradece
en un panorama que, no pocas veces, cae en lo chabacano para hacer reír. "Celos
y agravios" no provoca carcajadas pero pone una sonrisa constante en el
público.