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La estatua de Blas de Lezo

jueves 25 de abril de 2013, 00:00h
El delegado de Las Artes de Madrid, Fernando Villalonga, anunció en el último Pleno que el Ayuntamiento va a abrir una suscripción popular para ponerle una estatua al almirante Blas de Lezo delante del Cuartel General de la Armada, junto a la del almirante Álvaro de Bazán, triunfador de Lepanto y cerebro de la Armada, que será trasladada a la calle de Montalbán para dejar espacio a la efigie de Felipe II, tras un referendo popular más que sospechoso.

Y digo sospechoso porque seguí la votación con atención. Por Internet fue totalmente limpia (solo se podía votar una vez  y tras escribir el DNI). Mientras, había una urna física en la Junta de Centro para la que no había que presentar acreditación. Cuando visité el edificio y vi la urna, pocos días antes del cierre de la votación, apenas habría un centenar de sobres y no casi mil, como se supone que hubo al final. No obstante, me quedaré con la sospecha porque ya es indemostrable decir lo contrario. Y aunque hablamos de una chorrada, como proyectemos el hecho a las decisiones en las que supuestamente participa la población, el resultado me hace temblar. Creo que para el futuro sería mucho más limpio y legal para cosas tan simples, la votación única por Internet, con DNI, para prevenir cualquier tentación de pucherazo.

Volvamos al tema. Me parece francamente bien que le pongan una estatua a Blas de Lezo, aunque sinceramente me parece que es el héroe de moda en el mundillo promilitar y ya empieza a cansar su historia. Para el que no lo sepa, con 4.000 soldados y 6 barcos, el guipuzcoano defendió Cartagena de Indias en 1741, en plena guerra del Asiento, de un ejército inglés de invasión, integrado por 30.000 unidades, 50 barcos y 135 transportes. Los ingleses se las prometían tan felices que hicieron monedas conmemorativas de la victoria antes de ir a la batalla. Pueden verse algunas de ellas en el Museo Naval de Madrid. El resultado de la batalla fue que murieron 10.000 ingleses, 7.500 resultaron heridos y 50 barcos fueron destruidos. El resultado fue que España ganó la guerra y mantuvo su imperio 70 años más. Por supuesto, los cronistas ingleses ya se preocuparon de que no se supiese más del asunto.

Lo que no sé hasta qué punto procede es, con la que está cayendo, pedir una suscripción popular para poner una estatua a  un militar por un suceso de hace 270 años. Quizás haya gente que esté dispuesta a rascarse el bolsillo por las glorias pasadas, pero me parece más bien un placebo histórico para encubrir la realidad que tenemos delante: la de los 6 millones de parados, una crisis muy profunda, poca capacidad de maniobra y una sordera absoluta de las administraciones europea y nacional a las demandas ciudadanas. Si tiene dinero para eso, seguro que lo tienen para hacer cosas que sirvan mucho más a la sociedad.

No obstante, no es la única suscripción popular que ha pedido un representante municipal para arreglar elementos artísticos que pueden servir de símbolos para el pueblo. Hace poco, la concejala de Ciudad Lineal, Elena Sánchez Gallar, me comentaba que, como no hay dinero, si los vecinos quieren arreglar el dragón de La Elipa (sí, ese que salía al final de Barrio Sésamo), que hagan una suscripción popular. El equipo de Gobierno de Ruiz-Gallardón quiso echarlo abajo, a pesar de ser un icono del barrio, y el actual equipo le ha privado de cualquier tipo de mantenimiento. Qué pena que los políticos esperen que los ciudadanos hagan lo que ellos no quieren hacer con los impuestos de todos. Perdónenme la demagogia, pero para esto no hay voluntad política, pero para los muertos de sus partidos siempre tienen tiempo y avenidas reservadas.
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