Por si los indigentes no tuvieran bastante con haber dado con sus huesos en la calle, ya ni eso les va a quedar. Al menos, ese es el horizonte que les espera si el alcalde de la capital, Alberto Ruiz-Gallardón, consigue sacar adelante su
idea de obligarlos por ley a ir a un albergue, siempre que haya plazas disponibles.
La idea llega, además, en un acto 'sectorial' de precampaña, adonde el primer edil había acudido a hablar... de seguridad. Así, se trataría, en realidad, de pergeñar una norma que de paso sirva a un propósito tan altruista como obligar a las personas sin hogar a acudir, quieran o no quieran, a los albergues. No les quedaría otra, ya que, a partir de ese momento, dormir en la calle sería considerado falta o delito, según el criterio del legislador... igual que otros
"usos del espacio público", como el botellón. E, incluso, según este criterio, esta conducta "incívica" podría llevar aparejada una multa.
¿Dónde queda el argumento,
esgrimido en reiteradas ocasiones por el Gobierno municipal, de que las personas sin hogar son libres de ir o no a los recursos sociales? ¿A qué se debe este giro? ¿Quizá a que los comerciantes de Gran Vía consideran "desastroso" que haya "pedigüeños que campan a sus anchas
por el centro de la ciudad?
Pero, señores, ¿desastroso
para quién? Yo también sueño, como el alcalde, con una ciudad cuyas calles estén vacías de indigentes. Pero no porque no se los vea, sino, simplemente, porque eso significaría que no habría ningún madrileño sin hogar. Como, por desgracia, la realidad dista mucho de ser así, quizá el primer edil debería preguntarse si existen motivos para que ellos desdeñen la ayuda de los recursos sociales. O, mejor, ¿por qué no les pregunta directamente
a ellos?