Los trabajadores seguimos diciendo no
Por
José Ricardo Martínez
lunes 13 de diciembre de 2010, 00:00h
Actualizado: 21/12/2010 14:04h
El pasado 29 de septiembre los trabajadores españoles fuimos a la huelga general como protesta por las medidas adoptadas por el Gobierno, en especial contra una reforma laboral que, como ya se está comprobando, además de profundamente injusta, era evidente que iba a ser de una inutilidad absoluta en la creación de empleo, y más aún en la lucha contra la temporalidad en el mismo.
En otros países como Francia las movilizaciones están teniendo una continuidad periódica, también en contra de los recortes sociales decididos por su Gobierno, mientras que en Portugal el 24 de noviembre los trabajadores portugueses secundaron masivamente la primera huelga general que tenía lugar en ese país en los últimos veintidós años. Italia igualmente protesta con paros y manifestaciones por los recortes del gasto, y en Grecia los ciudadanos han hecho ocho huelgas generales en un año ante las indecentes presiones antisociales que vienen sufriendo por parte de distintos organismos internacionales. En Gran Bretaña, los estudiantes y los jóvenes tomando las calles de Londres han iniciado unas movilizaciones que van a adquirir un carácter general que exprese la indignación creciente de los trabajadores y ciudadanos británicos.
El 15 de diciembre el conjunto de los trabajadores europeos se manifiestan ante un estado de cosas en el que se pretende que la salida a la crisis actual la paguen únicamente los que nada tienen que ver con sus orígenes, es decir, los propios trabajadores, la inmensa mayoría de los ciudadanos de la Unión Europea (UE).
Este conjunto de acciones, esta fuerza rebelde que se levanta contra lo que está ocurriendo en nuestros países, algo quiere decir sobre cuál es el estado de ánimo frente a una situación, se dice, de gravísima crisis, pero ante la que sólo se aplican las viejas recetas de siempre del capitalismo ultraliberal, recetas ya fracasadas, responsables de los problemas actuales y, lo que es peor, las que, además, aseguran la repetición en el futuro de nuevas crisis y, eso sí, la continuada ganancia de los indecentes especuladores financieros que, mientras se despoja a la gente de sus derechos y se rebajan sus condiciones laborales y de vida, ellos aumentan un día sí y otro también sus fraudulentas ganancias riéndose de los gobernantes de unos países, los europeos, que se rinden ante ellos sin siquiera molestarse en torcer el gesto, sino, de añadidura, obedeciendo las ordenes que filtran a través de sus terminales mediáticas.
Exigíamos el 29 de septiembre una rectificación en toda regla del Gobierno español en la reforma laboral que había aprobado, así como que diese marcha atrás en los anuncios que venía realizando acerca de modificaciones sustanciales en la edad y en las condiciones de jubilación y en el sistema público de pensiones. Estas eran las reclamaciones por las que millones de trabajadores secundaron el paro general en este país y también, claro está, en nuestra Comunidad de Madrid.
Pues bien, esta es la fecha en que, a pesar de nuestras constantes apelaciones a ese cambio de rumbo, el Ejecutivo central no sólo no rectifica, sino que amenaza incluso con imponer igualmente las medidas referidas a la jubilación y a las pensiones como muy tarde para finales del inmediato mes de enero, y haya o no acuerdo dentro del llamado Pacto de Toledo o con los interlocutores sociales.
Y ha hecho otros anuncios de recorte del gasto público —por ejemplo la eliminación de la ayuda de 426 euros a los trabajadores en paro que hayan agotado todas sus prestaciones— en la misma y errada dirección adoptada unilateralmente desde el giro social dado a partir del mes de mayo pasado.
Puestos de esta manera ante una tesitura de empecinamiento gubernamental en el mismo estado de cosas creado por estas medidas, y ante la imposibilidad de llevar a cabo un diálogo en el que no se van a poder cambiar esos posicionamientos tan perjudiciales para los ciudadanos ni la aplicación de esas políticas y decisiones anunciadas, los trabajadores no tenemos otra alternativa que seguir en una continuada movilización que exprese, alto y claro, nuestro rechazo a estas posturas y nuestra negativa radical a las mismas.
Porque hay otras formas de combatir la crisis y de reducir razonablemente los déficit presupuestarios sin tener que aplicar estas tan injustas como fracasadas recetas del neoliberalismo al que hoy todos los Gobiernos se pliegan vergonzantemente. Por eso nos vamos a volver a manifestar el sábado 18 de diciembre, a las 12 de la mañana, de Neptuno a Sol, para “recuperar derechos” y “defender el Estado social”.
Pero es que, además, en la Comunidad de Madrid estamos sufriendo otros ataques añadidos, por parte del Ejecutivo regional, que ahondando en estas derivas antisociales, las está agravando en lo que supone un verdadero desmantelamiento de toda la arquitectura democrática y participativa de la sociedad madrileña.
Así, la eliminación de 19 empresas públicas y 83 organismos administrativos de nuestra región aprobada en la llamada Ley de Acompañamiento de los Presupuestos regionales para 2011, así como la modificación unilateral de convenios colectivos y de otros acuerdos sobre los que se sustentaba la estabilidad institucional de la Comunidad, son, de añadidura, un intento de acabar con la letra y el espíritu nada menos que de la propia Constitución española, la Carta Magna cuya supuesta defensa tanto les ha llenado la boca a los actuales representantes de la Administración regional en los últimos años cuando a otros temas se referían.
Por todo ello, desde UGT-Madrid seguimos diciendo No, y animando a los trabajadores y trabajadoras de nuestra región a que salgan a la calle, de momento el próximo 18 de este mes de diciembre, a expresar cívica pero enérgicamente el rechazo a una situación en que se acumulan las injusticias, y que nos exige defendernos y defender nuestros derechos que tanto nos costó conquistar.
José Ricardo Martínez Castro es secretario general de UGT-Madrid