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El circo (Price) de la vida

El circo (Price) de la vida

domingo 12 de diciembre de 2010, 00:00h
Actualizado: 20/12/2010 16:36h
 
Las Navidades de 2010, con más tristeza económica sin duda que las  anteriores, no sólo porque estamos pasando otra de las fases duras de la crisis -quizá la última, dicen algunos que ven brotes verdes que no terminan de coger verdadero color-, si no porque parece que la que se nos viene encima (reforma de las pensiones y demás ayuditas tan bien recibidas por los mercados) está en cuesta. El paro no se reduce, el empleo crece muy poco y sigue habiendo más personas que quieren trabajo que nuevos colocados. Si es de mejor calidad y más estable lo que se ofrece a los parados no podrá saberse más que con el paso del tiempo, aunque los primeros datos dicen que los que contratan quieren dar menos salario por más jornada.

La crisis es más visible que los belenes, a pesar de que las calles están menos
iluminadas que otros años como medida de ahorro de los ayuntamientos, que están muy endeudados porque la nueva financiación local espera desde 1979 a que vengan los reyes, que no son los padres sino los partidos políticos mayoritarios. Con este panorama tan navideño, lo ideal sería que todos los poderes públicos tuviesen como prioridad, casi obligatoria, que nadie se quedase atrás y que las medidas contra la crisis tuviesen en cuenta, además del rescate de bancos y entidades financieras, a las personas, sobre todo a aquellos colectivos más vulnerables socialmente, para que cuando salgamos de esta situación de inestabilidad no tengamos que contar con un nuevo sector, el de los rezagados. Es fácil hablarlo, pero materializarlo es posible. Para muestra, un botón.

Me invitaron a la entrega de diplomas a niños y niñas, de 5 a 12 años, que
habían asistido a un cursillo organizado por el Circo Price. Aunque lo normal es que un mayor adopte a un menor, yo, por llevar la contraria, me dejé adoptar por Leonor, quien me llevó a su fiesta. Una veintena de personitas en la pista del circo mostrando los trucos de magia aprendidos y las piruetas entrenadas con mucho mimo. Los más mayores, tela de tolerantes con los enanos, y todos en conjunto mostrando a los profesores y a sus invitados lo rentable que es aprender jugando y la de satisfacciones que da reírse en Navidad y hacer que la felicidad se convierta por unas horas en la única meta.

Entre los aspirantes a payasos, varios niños con alguna discapacidad
intelectual, que recibieron de los demás el bello trato de la igualdad en
diferencia. Hubo un momento en que las piruetas que realizaban todos era de tal dificultad que lo más fácil hubiese sido escamotear (invisibilizar) a los más
vulnerables. Nadie se hubiese dado cuenta, porque es lo que pasa en la vida
real, pero que va, que va. Los enanos, además de reírse aprendiendo a
socializar, mostraron que las enseñanzas recibidas con la naturalidad del agua
de lluvia van más allá. Una pirueta, otra pirueta; un niño, otra niña; una más
pequeña, otro más mayor. El salto del diferente (¡arriba, arriba¡, parecían
decir las manos de sus compañeros de circo que ayudaron su realización), igual que los del resto de los iguales porque todos eran lo mismo: peques felices en la entrega de su primer diploma.

Este espectáculo se convirtió en el circo de la vida, donde el verdadero sentido de la misma aparece como vínculo con el otro. La solidaridad y el trabajo para
que nadie se quede rezagado en la fiesta. Qué buen ejemplo para los que deciden con su firma que los rezagados sociales se transformen en otra nueva subclase o se conviertan en prioridad a ayudar.

Nino Olmeda

Periodista. Empezó su carrera profesional en El Socialista, colaboró con medios como Diario 16 e Interviú y durante casi una década intervino en tertulias de la Cadena Ser. Fue presidente de Tele K (televisión de Vallekas). Durante más de 30 años se dedicó a la información autonómica en Servimedia, Ha recibido numerosos premios de la Asamblea de Madrid, el Gobierno regional, la ONCE, Canal 33 y premio APM, entre otros. También ha recibido, tras su jubilación que no retirada, un homenaje de los todos los presidentes de la Comunidad de Madrid y de la Asamblea autonómica. En la actualidad, colabora con Madridiario y Zarabanda.

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