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Crítica teatral.-El evangelio de San Juan: exégesis heterodoxa

Crítica teatral.-El evangelio de San Juan: exégesis heterodoxa

viernes 17 de septiembre de 2010, 00:00h
Actualizado: 17/09/2010 19:44h
Vuelve El Brujo al teatro María Guerrero, acompañado esta vez por un excelente cuarteto musical que ilustra su homilía evangélica. Poco ortodoxa, pero homilía. Rafael Álvarez, metido esta vez a exégeta, estudia en voz alta el evangelio de San Juan. A su manera, claro.
En los primeros minutos parece que El Brujo va a adentrarse en los misterios del simbolismo cristiano, judío, griego… que va a desentrañar una iconografía milenaria, abierta casi a cualquier interpretación. Pero lo que hace el actor-director-dramaturgo-escenógrafo es comenzar por el primer versículo evangélico: En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios. A partir de ahí avanza en la narración  del discípulo predilecto, acotando cada cuanto sus palabras. Parece que el narrador, en la pura tradición de la transmisión oral de las historias, quiere desmontar la versión del apóstol como si fuera un teólogo de la liberación, pero sus travesuras, sus dudas, no le llevarán a la hoguera de la Inquisición.

No puede El Brujo sustraerse al humor, a la ironía, a meter puyazos de la actualidad más rabiosa. Seguramente es lo que espera su público. Se mueve el actor desdoblándose en múltiples personajes del evangelio y los espectadores se divierten con sus parodias durante más de dos horas. La música subraya cada episodio, cada ambiente. Con ella nos traslada incesantemente desde Jerusalén a Galilea, a Samaria… esos saltos tan frecuentes en la narración sagrada. Una bellísima iluminación de Camacho contribuye a crear una atmósfera propicia a la confidencia, a la fiesta o a la narración de los misteriosos milagros.

Tengo la impresión de que Rafael Álvarez se ha dejado atrapar personalmente por la lectura de los libros sagrados y se ha debido fascinar por las múltiples ambigüedades, por los misterios irresolubles que encierran sus textos y ha visto un excelente tema para llevar a escena. El problema lo puede tener cuando, entre el público, haya espectadores –jóvenes sobre todo- que ya no tienen idea de los evangelios, de los evangelistas, de los apóstoles o de Lázaro de Betania. Y es que la asignatura de Religión ya no es lo que era y al agnosticismo la interpretación de los evangelios se la trae al pairo.
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