miércoles 26 de mayo de 2010, 00:00h
Actualizado: 05/06/2010 11:35h
La ubicación de la Asamblea de Madrid en Vallekas -con K, sí, ¿pasa algo?-, en lo que eran hace muchos años las Palomeras Bajas, proporcionó a esta querida patria chica para muchos de los que nacimos en esta zona, alegría, distinción y la posibilidad de perder el estigma que nos cayó encima, y que venía de atrás, por ser trabajadores pobres de pedir –no como Esperanza Aguirre- y gentes de bien.
En aquella época negra, unos levantaron sus casas con sus propias manos y otros habitaron pisos en los que la luz y el agua llegaron después que ellos. En los terrenos ocupados hoy por el Parlamento autonómico poco había hace muchos años. Lo más cercano, la Avenida de San Diego, la gran vía de este barrio, con la llamada colonia de San Francisco Javier, que escondía, entre otras, la calle Peña Corada y sus pisos de tres o cuatro alturas, ahora derruidos por el Ayuntamiento de Madrid después de colocar en sus muros, hace demasiado tiempo, un cartel en el que se indicaba que ya no eran aptos para personas.
Los vecinos aguantaron más de 20 años sin que el Consistorio capitalino hiciese nada para adecentar unas casas que se caían y en las que seguían viviendo personas, muchas de ellas con muchos años y que no podían salir a la calle por problemas de movilidad y por vivir en el último piso. Ahí estaba, y sigue abierto, el bar Ortega, en el que los de la secreta, la poli del franquismo, se apostaban para pillar datos y la información de algún chota o chivato sobre los peligrosos rojos que se movían entre San Diego y Entrevías, zonas comunicadas por la calle Imagen.
Gratos recuerdos los de la Huerta del Hachero, el Puente de los Tres Ojos y los poblados marginales. La Iglesia de San Diego, pegada al Colegio Raimundo Lulio, era lugar de cita para muchos jóvenes que aprovechaban las reuniones parroquiales para organizar la resistencia contra los indeseables que gobernaban España y que durante muchos años mantuvieron vigilantes de la moral franquista en cada uno de los bloques de pisos de protección. El bar Doli, hoy restaurante de calidad y antes lugar de timbas y golferío, se situaba enfrente de los locales parroquiales en los que el actor Juan Margallo y su compañera sentimental, Petra, hacían teatro y daban vida al Gayo Vallecano.
El cine París, en el que intentó dar un mitin Manuel Fraga nada más morir Francisco Franco que no salió bien porque a los vallecanos no se nos puso, era uno de los lugares de encuentro de jóvenes y de peleas entre bandas de aquellos años. Cerca de allí, los caballitos -¿te acuerdas Azeguiñe?- situados en la acera enfrente del cine que no existe hace demasiado tiempo, en los que nuestros hijos se montaban. Los Hijos del Agobio, aquellos jóvenes antifranquistas y ansiosos de hacer algo, se movían compitiendo con las organizaciones de la izquierda más tradicional para hacerse un hueco en el barrio.
Más y más, y mucho más de una época, sobre todo imágenes del Vallekas de ayer, de anteayer y del presente, aparecen en el libro sobre fotos antiguas de esta patria chica de miles y miles de madrileños tirados cerca del Arroyo Abroñigal. El autor, Sixto Rodríguez, colega de aquellos años y un amigo reencontrado cerca de mi primer domicilio, a escasos 200 metros de la Asamblea de Madrid. Merece la pena leerlo, observar las instantánea de las calles, con las alegrías y carencias de entonces, y seguir reivindicando “Vallekas por la Kara”·.
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Periodista. Empezó su carrera profesional en El Socialista, colaboró con medios como Diario 16 e Interviú y durante casi una década intervino en tertulias de la Cadena Ser. Fue presidente de Tele K (televisión de Vallekas). Durante más de 30 años se dedicó a la información autonómica en Servimedia, Ha recibido numerosos premios de la Asamblea de Madrid, el Gobierno regional, la ONCE, Canal 33 y premio APM, entre otros. También ha recibido, tras su jubilación que no retirada, un homenaje de los todos los presidentes de la Comunidad de Madrid y de la Asamblea autonómica. En la actualidad, colabora con Madridiario y Zarabanda.
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