500 latigazos por desobedecer
jueves 05 de noviembre de 2009, 00:00h
Actualizado: 05/11/2009 18:06h
Los 'Dominican Don't Play', banda que ha quedado "prácticamente desarticulada" tras la
'Operación Manguera', castigaban con dureza a los miembros que osaban saltarse las normas. Así funcionaban los DDP.
Un código de nada menos que 27 normas rige la vida de todo DDP que se precie. Casi todas las reglas, según explicaron fuentes de la Guardia Civil, guardan relación con la disciplina, la jerarquía y la fidelidad al grupo. Y, en caso de no cumplir alguna, o de no demostrar valor cuando se considera necesario, el castigo era severo. "El humillado se situaba en el centro de un círculo. El castigo consistía en series de tres 'latigazos', aplicados con frecuencia con fragmentos de mangueras. Entre serie y serie, el castigado debía gritar: '¡Dominican Don't Play!', y el grupo contestaba: '¡Amor de tres!'. Se han llegado a detectar castigos de hasta 135 series de tres latigazos", explica el comandante Javier Rogero, de la Guardia Civil.
Precisamente esta es una de las características de los DDP: no solo ejercen violencia hacia terceros, sino que con mucha frecuencia esta se produce en el seno del propio grupo, en aras de una disciplina férrea que garantice el funcionamiento de la banda y la obediencia ciega al líder.
Este se conoce como 'supremo'. Por debajo de él se sitúan el 'soberano', con su 'perla' o lugarteniente. Después, cinco 'soldados', cada uno con funciones específicas, y luego los miembros 'rasos'. Aunque en la 'Operación Manguera' no se ha detenido al actual 'soberano' —aún queda mucha información por analizar, dice la policía—, sí se ha detenido a quien ocupaba ese puesto hace dos años y también a 'cabecillas' de los 'coros' madrileños. A la luz de estos datos, para la delegada del Gobierno, Amparo Valcarce, los DDP funcionan "como una secta".
Los collares son "sagrados"
El sentimiento de pertenencia al grupo quedaba reforzado por toda una simbología: banderas, gorras y collares. Estos últimos indican la posición en el grupo de quien los lleva y son sagrados: los DDP tienen orden de destruirlos si sospechan que van a ser detenidos. Nadie más que ellos los puede tocar. Los miembros deben pagar una cuota semanal y obedecer sin chistar al líder; los aspirantes a DDP tienen que superar distintas pruebas para entrar en la banda.
En la 'Operación Manguera', los agentes han observado como los DDP utilizaban a aspirantes, menores y/o mujeres, para tareas como el traslado de armas o la vigilancia, a veces en bicicleta, de la zona mientras tenían lugar las reuniones.
Los jóvenes constituyen la 'cantera' de este grupo, al igual que ocurría con otras bandas, ya caídas en desgracia en nuestra región, como los Latin King o los Ñetas. "Observamos que, en los parques o lugares de ocio juvenil donde se reunían estos grupos, los demás usuarios, niños y jóvenes, abandonaban el lugar cuando los miembros de la banda llegaban. Lo hacían con puntualidad británica. Una vez que terminaba la reunión, volvía la normalidad a estos espacios", explica Ricardo García, de la Brigada de Información de la Policía Nacional.
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Últimos comentarios de los lectores (1)
30731 | Luis Martín - 16/03/2021 @ 15:32:23 (GMT+1)
Menudas joyas hemos traído para integrarse en España. Es muy racista el comentario o tengo que pedir perdón por no poder dejar en la calle a mi sobrina sin miedo