Muchas alegrías, esfuerzos, ampollas y kilómetros después, veinte menores infractores madrileños entraron entre gritos y abrazos a la Plaza del Obradoiro de Santiago de Compostela. Madridiario ha compartido con ellos la última etapa de su peregrinación.
"¡La catedral, loco!", repetía una y otra vez P., abrazado a su compañero, mientras señalaba el templo compostelano. Tanta alegría no era para menos. Doscientos kilómetros después, él y sus compañeros estaban exultantes por haber conseguido el objetivo.

Tan solo una chica permanecía callada, observando alternativamente la fachada y a sus acompañantes con los ojos muy abiertos. Ella había estado a punto de abandonar, pero sus compañeros no la dejaron. Menores y educadores se repartieron el peso de su mochila y continuaron caminando con ella hasta el final. Porque sin ella, el final del Camino no habría sido lo mismo.

"Esa es la esencia del viaje. Hemos vivido momentos muy emocionantes. Los chicos no han necesitado nada más; el Camino ha actuado sobre ellos", resumía un educador. Así que, cuando los tres grupos -unos llegaron por el Camino Sanabrés, otros por el Primitivo y otros por el Francés- se juntaron para recorrer juntos la última etapa, algo había cambiado desde la última vez que se vieron.
Así lo destacó Carmen Balfagón, directora de la Agencia para la Reeducación y Reinserción del Menor Infractor (ARRMI), dependiente de la Consejería de Presidencia, Justicia e Interior, que acudió junto a Lorenzo Pedroche, coordinador de centros, y los directores de los centros participantes (Los Rosales, El Pinar I, El Pinar II, Los Almendros, El Laurel, Teresa de Calcuta, Los Robles, El Madroño y Las Palmeras) a recibir a los peregrinos.
Un ejemplo a seguir
En un emocionado discurso, agradeció a sus colaboradores de la ARRMI, a las entidades sociales que gestionan los centros (Ginso, Asociación Respuesta Social Siglo XXI y las Fundaciones Grupo Norte, Diagrama y Padre Garralda-Horizontes Abiertos), a la Asociación San Guillermo de Arnotegui y las Fundaciones Seur y Barclays el esfuerzo para llevar a buen puerto, por segunda vez, esta iniciativa pionera. Y, sobre todo, a los chicos, "porque gracias a vuestro comportamiento y a que habéis sabido aprovechar esta oportunidad, podréis servir de ejemplo y estímulo a vuestros compañeros cuando lleguéis a los centros".

De hecho, el Camino de Santiago había arrancado para ellos mucho antes de
la salida de aquel tren de Chamartín. La verdadera peregrinación, apuntó una joven, comenzó cuando decidió que este año quería ir a Santiago con menores de otros centros, costase lo que costase. Así que se convirtió desde el principio en una motivación para hacer méritos y acumular 'papeletas' para 'colarse' entre los elegidos. Y ahora, allí estaba, posando con sus compañeros para la posteridad, nada menos que en la Plaza del Obradoiro. "Y con muchos recuerdos", sonreía.
Caminata
Como los chicos, los educadores que les acompañaban han vivido y sufrido el Camino a lo largo de diez días de caminata. Una convivencia de 24 horas que seguía dando que hablar después de la Misa del Peregrino, con la que pusieron el punto final a su viaje.

Después, sería cuestión de pocas horas el regreso a los centros. Pero algo quedará. "Yo no quiero que el viaje se me olvide, porque significaría olvidar también que he estado en un centro. Y esta experiencia nadie me la podrá quitar jamás", sentenció P.