Arranca el juicio del 11-M y lo hace envuelto en polémica. De entrada, están quienes, atrincherados en la teoría de la conspiración, esperan revelaciones sorprendentes de los tres terroristas etarras que han conseguido sean llamados como testigos para poder utilizar políticamente un juicio que ha estado precedido de ataques injustificados a los instructores y a los investigadores.
Frente a ellos se encuentran quienes creen que lo que ocurrió aquel trágico día ha quedado fielmente reflejado en la investigación policial y tan sólo esperan que las condenas respondan a la gravedad de los hechos juzgados.
A medio camino se hallan quienes creen que se podría haber llegado aún más lejos de lo que dicen los 93.000 folios del sumario por lo que estarán atentos a lo que digan los quinientos testigos llamados a declarar.
Asimismo se encuentran las víctimas y sus familiares que tendrán que revivir a través de los testimonios el recuerdo de aquella jornada. Un recuerdo que, pese al tácito pacto que Pilar Manjón pidió en el Congreso de Diputados y que se aplicó durante el primer año, ha sido roto por algunos medios informativos que, de nuevo, han vuelto a exhibir aquellas dantescas imágenes qque todos tenemos en la memoria.
Por último se ecuentran los imputados en la terrible matanza que intentarán desviar las acusaciones, negar las evidencias, eludir responsabilidades. Todo está listo. Los numerosos periodistas que cubrirán el que sin duda va a ser el juicio del año ya están acreditados. Sólo queda lo más importante: que se haga Justicia.