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No estamos hechos de otra pasta

lunes 17 de agosto de 2020, 21:12h

Me acuerdo de un mensaje antes de que estallara todo aún más que decía algo así como que este era nuestro momento para reivindicar nuestras mejoras en las condiciones laborales (que todo el mundo sabía y sabe, que no son las óptimas), que no tendríamos una oportunidad como esta, y que el mundo estaba en nuestras manos.

El mensaje seguía diciendo que sabían, que, a pesar de esto, no lo íbamos a hacer. Que elegiríamos el camino que pone en riesgo nuestra salud para intentar salvar la de los demás, el que alarga nuestras horas de trabajo y renuncia a los días libres, y en el que la vocación, está por encima de la obligación.

Durante todos estos meses si en algo podemos estar de acuerdo es que es difícil disparar contra lo que no se ve.

Me entristecen las imágenes que estamos viendo estos días de gente que sin respeto se ríe del aliento que ha arrebatado a unos, la desesperación que ha traído a otros y el sufrimiento que nos ha traído a todos. Que no se nos olvide que la libertad es el bien más preciado, pero que sin duda acaba donde empieza la de los demás. Acaba donde empieza la del sanitario que ha visto fallecer a tantos enfermos (porque esos, no han sido invisibles), acaba donde empieza la de miles de víctimas que se ha llevado la COVID-19, y acaba donde empieza la de miles de ciudadanos responsables que deciden protegerse y proteger a los demás siguiendo las directrices de las autoridades sanitarias.

Deseo que no os empiece a faltar el aire, que no os desatureis en una hora y que no os tenga que valorar la UCI para que entendáis, que esto, no es broma. Atenderos, os atenderemos, ¡cómo vamos a rechazaros la asistencia sanitaria si no sabemos hacer otra cosa ni ser de otra manera!

Ahora, y tras haber pasado ya unos meses desde que comenzó todo, me dan rabia los aplausos recibidos. No hemos estado bailando y comiendo en el hospital como parecía que hacíamos según algunos medios (Quizás esto haya sido parte del problema), sino que hemos visto morir y enfermar a demasiada gente, sin poder hacer absolutamente nada. A veces parecía que más que curar, dábamos palos al aire. Muchos de nuestros compañeros han enfermado por atender a otros y el miedo aún sigue cuando se nos plantea la idea de estar con nuestros familiares por si acaso de aquí a la semana que viene damos positivos.

Supongo que nos aplaudía por todo esto, pero han comenzado a darme rabia esos aplausos cuando egoístamente algunos piensan en sus vacaciones, en los botellones a pie de playa, o en la macro fiesta de la semana que viene, total: ‘’que quiten las vacaciones a los sanitarios si la cosa se pone fea, que para eso están, es su trabajo y seguro que vuelven a estar ahí ‘’.

Y claro, no dudéis que volveremos a estar al pie de cañón, pero es una lástima como el mayor enemigo del ser humano seamos nosotros mismos. Y por si alguien todavía lo duda, no estamos hechos de otra pasta y estamos cansados, muy cansados.

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