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Crítica teatral: Troilus and Cressida: Shakespeare atemporal

Crítica teatral: Troilus and Cressida: Shakespeare atemporal

viernes 18 de julio de 2008, 00:00h
Actualizado: 19/07/2008 18:20h
Las Naves del Español, en el Matadero, son un espacio extraordinario, modificable, amplio, vanguardista, aunque un poco difícil para la acústica natural de los actores. Y en el montaje de Troilus and Crecissida, se nota. Por lo demás, el director coloca el escenario entre dos graderíos lo que permite a los espectadores una perfecta visibilidad del espectáculo.
Declan Donnellan, fundador de Cheek by Jowl, parece que ha encontrado un filón en nuestro país. Últimamente podemos ver sus producciones, generalmente en espacios gestionados por las instituciones. Y casi todas con un nivel de calidad muy estimable. Troilus and Cressida no es un texto muy representado. La Compañía Nacional de Teatro Clásico lo puso en el Pavón hace cuatro años.

En este largo montaje –tres horas con descanso- el director apuesta por el discurso, generalmente sobre la incongruencia de las guerras, sobre la frivolidad de los políticos ante los conflictos enquistados y, también, sobre las tonterías del amor. La guerra entre troyanos y griegos sigue en la acción pero lo que vemos es la actividad en la retaguardia, donde los mandos de ambos ejércitos filosofan e intrigan pero no resuelven. Y, para aliviar la dureza de las disquisiciones, la pasión entre los jóvenes del título.

Conflicto eterno
Que el director pretende mostrar las situaciones que presentó Shakespeare como eternas queda claro desde el primer momento. Los personajes visten ropas que podemos llevar en nuestros días o que podían usarse hace cien años. Trajes luminosos, sencillos y uniformes igualmente ambiguos que visten los ejércitos interraciales.

El hermoso espacio escénico, excelentemente iluminado y prácticamente vacío, sirve igual para griegos que para troyanos, para campamentos militares o para intimidades amorosas. Al final, insisto, lo que llega al público –hay sobretítulos en castellano- es el discurso de la obra y acaba lastrando un poco el ritmo del espectáculo.

Personajes definidos
Donnellan apenas necesita elementos escénicos: sólo unos cuantos taburetes. Pero sí recurre a un extraordinario elenco. Casi una veintena de actores de todas las edades muestran una disciplina envidiable: siempre están en el personaje aunque su presencia sea secundaria en el escenario. Seguramente facilita su trabajo el hecho de que los caracteres están perfectamente definidos desde sus primeras apariciones.

Inmediatamente sabemos que Paris es fatuo y presuntuoso, que Ajax es un zopenco, que Cressida es casquivana y coqueta... arquetipos perfectamente creados por los actores. Como en otros montajes de este director no falta una colección de mariquitas, locas y musculocas rodeando a los protagonistas. Naturalmente con el pretexto de que Aquiles se entendía con Patroclo. El montaje permanecerá en cartel hasta el próximo día 26 de julio.
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