miércoles 04 de junio de 2008, 00:00h
Actualizado: 10/06/2008 12:53h
Chicago, Tokio, Río de Janeiro y Madrid. Volvemos a estar en la carrera olímpica para 2016 y eso, en una ciudad que lleva paralizada desde hace unas semanas inmersa en las peleas del PP, es como decir que existe mundo fuera del entorno de la calle Génova y que en ese mundo Madrid puede jugar un papel protagonista.
En estos últimos años, se ha trabajado mucho y bien y prueba de ello es la nueva elección de Madrid como ciudad candidata. Cierto es que para 2012 se hizo un trabajo sensacional lo que ha permitido volver a ofrecer una atractiva propuesta olímpica. Los esfuerzos de entonces, aunque resultaron frustrados cuando el Comité Olímpico Internacional eligió a Londres, no cayeron en saco roto. Tampoco los ánimos desfallecieron y en ello, todo hay que decirlo, ha tenido mucho que ver Alberto Ruiz-Gallardón.
Ha sido precisamente la suma de un trabajo bien planificado y unos ánimos inmensos los que han logrado volver a situar a Madrid entre las cuatro ciudades que aspiran a ser la sede de los Juegos Olímpicos. Que en octubre de 2009 se logre el objetivo dependerá de otras cuestiones que van desde la geopolítica a la economía. Argumentos nunca faltarán.
Si no se consigue se dirá que, aunque no es una norma escrita, el COI no elige nunca dos sedes consecutivas en el mismo continente; si gana Chicago, se hablará de la influencia que en ello ha podido tener Obama; si gana Río de Janeiro, se argumentará que se quería dar las Olimpiadas a Sudamércia por primera vez en su historia.
Por eso, la repetición de Madrid como candidata tiene tanto interés porque si ganamos habremos roto todos los tabúes y sólo se podrá dar una explicación: nuestro proyecto es mucho mejor.