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TAL DÍA COMO HOY EN MADRID

Biblioteca Nacional, sala de peticiones de obras
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Biblioteca Nacional, sala de peticiones de obras (Foto: Juan Luis Jaén)

La memoria encuadernada

viernes 24 de octubre de 2025, 08:00h
Actualizado: 19/11/2025 18:51h

Madrid, 24 de octubre. Hoy se celebra el Día Internacional de la Biblioteca, y Madrid lo hace rodeada de páginas, silencio y memoria. Las bibliotecas madrileñas no son solo edificios: son refugios culturales, espacios donde generaciones han aprendido que leer es viajar sin moverse. Desde la majestuosa Biblioteca Nacional hasta las pequeñas bibliotecas de barrio, la ciudad guarda su historia entre estanterías.

La Biblioteca Nacional, fundada por Felipe V en 1711 como Real Biblioteca Pública, nació con la misión de conservar todo lo impreso en el país. Ha sobrevivido a guerras, revoluciones y censuras. Durante la Guerra Civil, parte de sus fondos se trasladaron a Valencia para protegerlos de los bombardeos, mientras en Madrid se organizaba la resistencia cultural. En 1892 se inauguró su sede actual en el Paseo de Recoletos, un edificio neoclásico monumental que comparte espacio con el Museo Arqueológico Nacional. Hoy custodia más de 30 millones de documentos: libros, manuscritos, mapas, grabados, fotografías y registros sonoros. Entre sus tesoros están las primeras ediciones del Quijote, dibujos inéditos de Goya y el Poema del Mío Cid. Su versión digital, la Biblioteca Digital Hispánica, permite consultar miles de documentos desde cualquier rincón del mundo.

Pero Madrid no vive solo de grandes instituciones. En el Retiro, la biblioteca Eugenio Trías ocupa la antigua Casa de Fieras, donde antes rugían leones y hoy reina el silencio lector. En Lavapiés, la biblioteca de la calle Doctor Fourquet se levanta sobre una antigua taberna, transformando tertulias políticas en tertulias literarias. Cada barrio tiene su espacio, su historia, su comunidad.

Las bibliotecas madrileñas se han reinventado. Han pasado de ser templos del papel a laboratorios culturales. Ofrecen talleres, clubes de lectura, bebetecas y zonas verdes. La inteligencia artificial también ha llegado: chatbots que responden dudas, algoritmos que catalogan documentos y detectan plagios, sistemas que recomiendan lecturas personalizadas. Porque el saber ya no cabe solo en estanterías: se expande en pantallas, en redes, en preguntas nuevas.

Tal día como hoy, Madrid celebra que sus bibliotecas no se han rendido. Han cambiado, han resistido y siguen siendo lo que siempre fueron: lugares donde el conocimiento se comparte, donde la cultura se respira, donde el silencio tiene sentido.

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