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RITMOS CAPITALES

Concierto de Los Caciques en la sala Siroco
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Concierto de Los Caciques en la sala Siroco (Foto: Rocío Martí)

Crónica del concierto del viernes: Los Caciques regresan a la sala que les parió

Por Juancho Pajares
sábado 20 de septiembre de 2025, 12:11h
Actualizado: 26/09/2025 08:11h
En el Madrid de los noventa, cuando la sala Siroco era un hervidero de música y encuentros improbables, nacieron Los Caciques. Lo hicieron casi sin proponérselo, fruto de la casualidad y de unas canciones que pedían banda propia. Más de tres décadas después, aquel grupo formado por amigos con trayectorias profesionales muy diversas, vuelve para reivindicar su pop reconocible, propio, de guitarras claras y melodías pegadizas, y ya con la madurez de quienes han vivido mucho dentro y fuera del escenario.

Luis de la Guardia (Madrid, 1966), compositor y voz principal (el front man, vamos), que insiste en huir de etiquetas como “líder” y destaca el carácter coral de una formación en la que “cada integrante aporta su instrumento, su voz y su visión”, recibe a Madridiario, cómo no, en el propio escenario del Siroco. A las puertas de dos conciertos muy esperados en nuestra ciudad -ayer y hoy-, con la promesa de tocar su disco Por la Baranda al completo y rescatar joyas de sus inicios -“y algún guiño inesperado”-, charlamos con él sobre los orígenes del grupo, su forma de trabajar y este regreso que mezcla sorpresa, nostalgia y, ojalá, futuro.

Y por aquí andan también calentando sus herramientas de trabajo el resto de los músicos de esta tan singular banda, muy madrileña: Xavier “Mon vieux” Novaes (Madrid, 1967), Quique “Enriquedíaz” y Cali Díaz (Madrid, 1967 y 1965, respectivamente), y Jesús Menor (Madrid, 1965). Me quedé con ganas de haber echado un rato con ellos también.

Pregunta: Luis, ¿qué hacéis aquí, a vuestras edades, treinta años después?

Respuesta: Pues nos llamó un megafan el año pasado para que hiciéramos un concierto privado en León, y allá que fuimos a finales de junio. Poca gente nos conocía allí, con lo que el reto fue aún mayor, y la verdad es que salió muy bien, lo que nos dio mucha confianza para este regreso. Con nuestras vidas tan variadas y, sobre todo, distintos lugares de residencia (Luis vive en Pontevedra y Xavier en París), conseguir reunirnos ha sido un mérito añadido.

P: Luis, ¿cómo surgen Los Caciques y qué artistas, géneros o experiencias han marcado más profundamente vuestra música hasta ahora?

R: Pues de forma bastante inconsciente… Yo tenía canciones y tocaba con muchos grupos en aquella época, y un día de 1991 me vine a tocar aquí con Xavier, que entonces hacia el sonido de la sala, Quique y Cali, y algo bueno debió de pasar entre nosotros que nos ha traído hasta ahora. Y aquí volvemos. Y es que Siroco no solo nos vio nacer porque dimos aquí nuestros primeros conciertos, sino que además fue nuestro primer local de ensayo. En cuanto a artistas que nos marcaron, cada uno tiene sus preferidos, pero vivimos una época muy interesante en Madrid, con cantidad de conciertos y grupos de los que aprendimos. Y, aunque cuando salió nuestro disco llegaron vacas flacas para la música que hacíamos, ¡que nos quiten lo bailao!

P: Veo muchas vivencias personales en vuestras canciones... ¿Cómo es tu proceso compositivo? ¿Partes de letras, de melodías, de ritmos, o de tus propias experiencias, principalmente?

R: La verdad es que el proceso es muy interesante y ahora, como psicólogo, me sorprende todavía más. El caso es que en aquella época las canciones salían bastante espontáneamente, como que no tenía que forzar mucho. Simplemente buscaba melodías y acordes que me gustaran y sobre ellos cantaba lo que se me iba ocurriendo, sin parar a escribir. Después de un tiempo, al escucharlas, veía que tenían significados que no eran premeditados, como que venían del inconsciente; cosas que quizá no era capaz de expresar de otra manera. Luego, por supuesto, hay que rematarlas, escribir alguna estrofa más, y arreglarlas con el grupo, pero el núcleo era algo muy inspirado. Venía sin buscarlo.

Juancho Pajares conversa con Luis de la Guardia, momentos antes del concierto de Los Caciques (Rocío Martí)

P: ¿Y no será “Rápido” una experiencia personal tuya? Ja, ja, ja…

R: Ja, ja, ja… Supongo que sí, como a muchos, esas primeras veces cuando eres adolescente... Pero al mismo tiempo -y ese es otro de los beneficios de hacer canciones-, tienen un poder terapéutico. ¡Así que todo bien en ese sentido!

P: Muchas bandas del panorama actual tienen un fuerte componente de crítica social o política. ¿Qué mensaje queréis transmitir con vuestras canciones? ¿Cómo veis la responsabilidad de los músicos frente a los temas que suceden en la sociedad? Ya a principios de los noventa tocabais “Delante del corazón” y la visionaria “Se acerca el sol”…

R: Bueno, que cada grupo haga y diga lo que quiera, está muy bien. Yo creo que nosotros no queremos transmitir ningún mensaje, principalmente porque cada miembro del grupo tiene el suyo, ¡y lo mismo no nos ponemos de acuerdo! Sin duda, nos importan las letras de las canciones y las cuidamos, pero nuestro objetivo es que la gente se divierta y, si tenemos suerte, que incluso llegue a emocionarse en algún momento. Apuntamos más a las emociones que a la razón. Pero sí, tenemos letras que hablan de otros temas quizá más sociales que siguen de actualidad después de 30 años. Yo los veo como cosas de sentido común, pero hoy en día está todo un poco revuelto.

P: ¿Cómo ha evolucionado el grupo? Celebro mucho volver a ver a Cali a los mandos de las cuatro cuerdas y veo que hay baterista nuevo...

R: Sí, la vuelta de Cali es una de las alegrías musicales de este regreso. Realmente nos hace bailar con sus líneas de bajo. Es todo mucho más fácil cuando la base se sostiene sola. Tenemos ahora un nuevo batería, Jesús, muy buen músico, que ha trabajado muy duro para mantener la esencia de las canciones. Se ha integrado muy bien con nosotros y sin su ayuda hubiera sido muy difícil montar de nuevo el grupo. Estamos muy agradecidos y contentos con él.

P: ¿Y el futuro?

El futuro es ahora. (Parece un eslógan de una marca de coches…).

***

Un recién graduado en Psicología y economista, un escritor-empresario musical-restaurador, un financiero, un abogado y un empresario autónomo: estos son Los Caciques. Lo que el pop español ha unido, que no lo separe nadie.

La entrevista concluye media hora antes de que comience el concierto: tiempo justo para que me inviten a una cerveza en el local y para que las palabras cedan el paso a los acordes. Las luces se apagan, el murmullo del público crece, y la banda se prepara para ocupar el lugar que siempre les ha pertenecido: las míticas tablas de San Dimas.

Los Caciques regresan a la sala que les parió

Concierto de Los Caciques en la sala Siroco (Rocío Martí)

Treinta años de silencio no pesan cuando el pulso de una banda sigue intacto. O incluso más acelerado. Anoche, Los Caciques volvieron a la Sala Siroco, la misma que los vio nacer, y lo hicieron ante un público que abarrotó el local con entradas agotadas -“sold out”, dicen ahora-, igual que ocurrirá esta noche, segunda y última del reencuentro.

El concierto arrancó con “La Calle del Pez”, un saludo malasañero que abrió paso al delirio temprano con “Por la baranda”, su hit de 1993 que dio título a su disco y que media sala cantó a voz en grito, confirmando que la memoria musical es terca y agradecida. Siguieron con “Los Niños”, recibida con entusiasmo, y la emoción bajó de revoluciones con la balada “Se nubló”, un respiro antes de volver a subirlas con “Rápido” y “El asesino del mes”, más calmadita, para darnos una tregua.

Los Caciques también regalaron dos piezas que nunca llegaron a publicar: “Ahora bailo” y “Raquel”, rarezas convertidas en joyas para quienes llevaban décadas esperando este momento. El viaje sentimental incluyó su tributo a Burning con “Una noche sin ti”, seguida de una ráfaga de sus clásicos: “Se acerca el sol”, “Delante el corazón”, “Volver a tu lado” (antaño “Reggae no”, con la que este cronista no pudo evitar emocionarse al recordar a su hermano Chicho, a quien los músicos dedicaron este tema al inicio de su carrera), la juguetona “La sirenita” y las infalibles “La Flor” y “Por favor”, coreadas como si fueran consignas.

En los bises, la velada se tiñó de homenaje con una versión roquera de “El sitio de mi recreo”, cover de la banda en honor a Antonio Vega en el disco Ese chico triste y solitario. Y, para cerrar, la explosiva “Ya me ves”, que dejó exhausta y feliz a una audiencia ya mayorcita, pero entregada de principio a fin.

Las Fenders de Xavi y Quique sonaron especialmente bien anoche, y se notó que ambos, siempre simpáticos, se lo estaban pasando bien. Fue una alegría volver a ver a Cali al bajo, al que noté con más protagonismo de lo habitual. Grande, inmenso, Jesús, el nuevo baterista, que hizo alarde, no solo de una magnífica calidad técnica, sino que ha logrado ser uno más de esta comunidad indígena madrileña en pocos meses.

Los "nuevos" Caciques no defraudaron. Su regreso a la sala que les parió no fue un gesto nostálgico, sino la confirmación de que siguen siendo capaces de encender la mecha de una noche irrepetible. Bueno, seguro que hoy lo vuelven a hacer.

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