Desde hace algunos meses se respira la Navidad en los talleres de artesanía y carpintería de la Residencia y Centro Ocupacional (Resco) Colmenar de Oreja. Ayudados por sus maestras, los usuarios de este recurso para personas con discapacidad, que pertenece a la red de atención de la Comunidad de Madrid y que gestiona Clece, cuando llega septiembre se ponen manos a la obra para comenzar a elaborar las decoraciones y adornos navideños que venden en distintos mercadillos en el mes de diciembre. Comienzan con el mercadillo que organiza Clece en sus oficinas de la Avenida de la Albufera y al que sigue el Mercado Artesanal de Nazaret en Colmenar de Oreja, donde sus creaciones han encontrado mucha aceptación entre el público que se acercó a su puesto. Esta Navidad han afrontado un nuevo reto: el mercadillo de la Plaza de Pontejos de Madrid.
En la actualidad, viven en esta residencia 28 usuarios y otros 12 asisten con ellos al centro ocupacional donde se les ofrece diferentes programas. Dos educadoras se encargan de ayudarles a entrenar sus habilidades. “Aquí tenemos tres talleres ocupacionales de artesanía, carpintería y jardinería”, explica su directora, Arantxa Sobrino. “Tenemos comunicación continua con el municipio, donde hacemos actividades como ir a Correos, a la farmacia a recoger su medicación o al médico de Atención Primaria”, añade esta profesional. Integrados completamente en el pueblo, acaban de participar en el mercado artesanal de Navidad, organizado por el Ayuntamiento, y el domingo les esperan en el certamen de villancicos en la parroquia de Santa María la Mayor.
Durante todo el año, los usuarios de la Resco realizan manualidades en los talleres de Terapia Ocupacional. “Hacemos encuadernación, tanto en tipo agenda como en tipo cuadernos, y también cajas”, detalla la maestra del taller de artesanía, Paloma Muñoz. “Se trabaja sobre todo a nivel manipulativo, motricidad fina, porque se realiza con las manos”, incide Sobrino.
Desde hace cinco años, cuando termina el verano, los objetos en los que trabajan son navideños. “Hacemos desde centros de mesa hasta estrellas con luces, y casi todo enfocado a la decoración del árbol y adornos para puertas”, desgrana Muñoz. Todo ello con una característica peculiar, según explica la directora: “La mayor parte del producto está hecho con materiales reciclados. Por ejemplo, tenemos desde belenes a renos, bolas de Navidad y coronas hechos con trapillo y cartón”.
“Si hacemos un árbol de Navidad con la técnica del troquel utilizamos un cartón reciclado, y si hacemos una campana, la base principal de la campana, aunque luego utilicemos otro tipo de decoración, siempre empleamos como base en el cartón reciclado”, pone como ejemplo la maestra. El material lo consiguen de las cajas del catering o de donaciones. Además, cada año tratan de introducir algún producto diferente. Para esta Navidad, las novedades son “unas bolas de poliespán y coronas decorativas para las puertas con una base de cartón reciclado y ganchillo en el borde”, cuenta Paloma.
Los propios usuarios son quienes se ponen al frente de los puestos de venta acompañados por los profesionales del centro. Esta Navidad han repetido la experiencia en el mercadillo navideño de la Plaza de Pontejos en Madrid, donde la Consejería de Familia, Juventud y Asuntos Sociales de la Comunidad les ha vuelto a ceder un puesto de forma gratuita, durante un día, para que puedan vender sus productos.

Sus creaciones también encuentran salida en otras épocas del año. “Hemos hecho detalles para comuniones y pulseritas para bautizos. Para las próximas comuniones ya tenemos el encargo de hacer centros de mesa”, cuenta con orgullo la maestra del taller de artesanía.
“Aquí hay varias casas rurales que también nos han pedido motivos de decoración”, añade Arantxa Sobrino, quien aclara que todos los ingresos revierten en el propio centro, “sobre todo para invertirlo en actividades con los usuarios”. Aparte de los talleres, también realizan diferentes excursiones: “La semana que viene nos vamos a pasar el día al centro de Madrid. Hace poco, estuvimos en el CaixaForum y visitando el Templo de Debod”, cuenta Arantxa.
Entre los usuarios de la Resco, según explica la directora, hay personas de todas las edades: “No hay una edad tope para poder estar aquí, pueden estar hasta que ellos quieran o vengan, siempre que sean mayores de 18 años. Así que tenemos personas de 22 años y de 70”. Todos ellos aceptan con agrado esta terapia que, tras su aparente aspecto lúdico, incluye grandes beneficios. “El tema económico es lo de menos, lo importante es, sobre todo, el reconocimiento a su trabajo, porque hay muchas personas ajenas al mundo de la discapacidad que piensan que no son capaces de hacer estas cosas. Y lo logran, en gran parte, gracias a las maravillosas profesionales que trabajan en el centro”, remarca Arantxa.
La encargada del taller de artesanía añade como beneficio, además, “la impresionante estabilidad emocional que les genera estar ocupados, sabiendo que tenemos que llegar a un mercadillo, la ilusión de cómo queda el producto y de participar, todo eso psicológicamente es lo mejor que hay. Da igual que vendamos o que no vendamos. Pero, si encima le añades que vas a un mercadillo y vendes lo que has hecho, pues mucho más”.
Ambas destacan el orgullo que sienten los usuarios al ver reconocido su trabajo y sus capacidades. “Uno de los chicos que ha participado en el Mercadillo de Nazaret me llegó a decir que había sido el mejor día de su vida”, relata Paloma Muñoz, quien también resalta la gratificación que supone para las familias, al ser testigos de cómo progresan sus seres queridos y lo que han logrado.