Ciento cincuenta y dos niños y niñas saharauis entre 8 y 12 años llegaban al Aeropuerto Adolfo Suárez-Barajas el pasado 27 de junio con una sonrisa de oreja a oreja y una pequeña mochila cargada de ilusión y de “regalos manufacturados” para sus familias de acogida en España porque son “muy agradecidos”, aunque lo más seguro es que esa maleta “no tenga nada de ropa” ni nada personal, tal y como señalan las organizaciones encargadas de traer a estos menores al país durante la época estival, dentro del programa 'Vacaciones en paz', que busca unir lazos con el pueblo saharaui.
Familias como la de Amor Pérez, que junto a su pareja y dos hijos de 11 y 12 años, ha decidido formar parte del proyecto ‘Vacaciones en paz’ con la emoción de “ofrecer una experiencia bonita a una criatura” que durante dos meses compartirá momentos y juguetes con sus hermanos de acogida. “Ha sido una maravilla porque en seguida conectaron (los niños). Entre criaturas es mucho más fácil y no hace falta hablar el mismo idioma porque jugando se entienden perfectamente”, asegura Amor. Nija, su 'hija' saharaui, habla hassanía, dialecto árabe, mientras el idioma de sus hermanos de acogida es el castellano, sin embargo, todos hablan el idioma de la diversión y, es probable, que a lo largo del verano Nija aprenda español y los hijos de Amor acaben adaptando a su vocabulario alguna palabra saharaui.
Amor reconoce que la primera noche de Nija, de 9 años, no fue sencilla, pues la menor extrañaba a su mamá, pero poco a poco la niña saharaui se ha ido adaptando, en parte, gracias a sus hermanos de acogida que - a veces- “hacen más que los adultos”.
A Nija todavía le queda mucho que jugar y muchos planes de verano por hacer junto a sus hermanos y amigos de la familia, al menos hasta el próximo 28 de agosto, fecha en la que los niños saharauis tendrán que regresar a sus hogares con la maleta cargada de recuerdos y con alguna que otra cosa más que a su llegada.
Aunque es la primera vez que la familia de Amor acoge a un niño saharaui, tienen claro que al año que viene repetirán porque es “una experiencia muy enriquecedora para la peque y también para la familia que acoge a la peque”.
Todo parece indicar que la familia de Amor se va a convertir en esos hogares que repiten una edición más de ‘Vacaciones en paz’ como la familia de Raquel Carretero, quien conocía el programa de ‘Vacaciones en Paz’ gracias a sus tíos, quienes acogieron a una niña saharaui, llamada Maya, y con la que nunca perdieron la relación. Hace unos seis años, Raquel acompañó a sus tíos y primos a los campamentos saharauis para visitar a Maya. Fue allí cuando pudo vivir de primera mano la situación “insostenible” de altas temperaturas que viven allí durante el verano, ya que el desierto del Sahara puede llegar a alcanzar los 50 grados. Fue entonces cuando pensó en seguir los pasos de sus tíos y ser familia de acogida.
En ese momento, Raquel no contaba con que una pandemia mundial, el Covid-19, paralizará por completo el programa y tuvo que esperar para que Abbasalem, de ocho años, llegará a sus vidas en 2021. “Llevamos tres años con el mismo niño. El primer año fue un poco más duro porque fue más un trabajo de vinculación y adaptación, pero luego estuvo muy a gusto y quiso repetir. Durante todo el año mantenemos contacto con la familia y él ha querido seguir viviendo”, dice.
Salir de casa con tan solo ocho años y a un país con una cultura e idioma diferente a tuyo debe ser todo un reto para estos niños saharauis. La familia de Raquel busco la manera de que Abbasalem se sintiera como en casa, para ello, utilizaban fotos e imágenes para comunicarse y le organizó un calendario para que el pequeño conociera en todo momento lo que iban a hacer, así como cuando iba a poder hablar con su familia saharaui.
Poco a poco, el pequeño Abbasalem fue relajándose y sintiéndose como en casa y a disfrutar de cosas que para muchos de nosotros son cotidianas y sencillas como visitar un centro comercial o ir a la piscina. “Es muy emocionante ver como va a aprendiendo cosas y como cualquier cosa para él es una experiencia. Siempre enriquece estar en contacto con otras culturas diferentes, tanto para ellos como para nosotros”, señala Raquel, a quien también le da “mucha pena” que su ‘hijo’ de acogida no pueda gozar de estas actividades en su día a día.
Abbasalem es uno más de la familia durante sus ‘vacaciones’ en España, acude a los “planes con familia y amigos” y, además, tienen en cuenta sus gustos para que su experiencia sea más enriquecedora. Por ejemplo, Raquel decidió apuntar al pequeño a un campamento de verano en la sierra de Colmenar Viejo porque “le gustan mucho los animales” y allí podría estar cerca de ellos, así como estar rodeado de niños de su edad. Su familia española también intenta que Abbasalem esté presente en las actividades programadas por la Federación y Asociaciones que engloban el programa ‘Vacaciones en Paz’ para que tenga contacto con otros niños saharauis. “Este año nos iremos de vacaciones a la playa y haremos todo tipo de actividades, buscando también que le gusten a él”, confiesa.
Uno de los principales objetivos del programa, además de alejar a los pequeños de las altas temperaturas que alcanza el desierto saharaui, es que los menores puedan acudir a chequeos sanitarios para conocer su estado de salud y si necesitan cualquier complemento alimenticio. Las familias de acogida reconocen que lo primero que organizan para tenerlo “todo atado” son estas citas médicas.
Este año, Madrid ha acogido a 152 menores saharauis entre 8 y 12 años, de los cuales 13 han llegado a Colmenar Viejo, de donde son las familias entrevistadas por Madridiario.
Madrid, ciudad comprometida con el proyecto
El programa ‘Vacaciones en paz’ lleva funcionado de forma oficial desde 1980, aunque el verano anterior Madrid, Valencia y Cataluña acogieron a 100 niños saharauis. Es decir, la capital de España ha estado “implicada” en el proyecto desde antes de su inicio.
La época de los noventa fue el “punto más alto del proyecto” con el “mayor número de familias acogedoras”, sin embargo, este número ha ido descendiendo por falta de “relevo” en las familias acogedoras. Ainhoa Carretero, coordinadora del proyecto en Colmenar Viejo, asegura que “el proyecto agoniza” por la “falta gente joven que se anime”, aunque reconoce que “es difícil por la situación laboral y los ritmos de trabajo actuales con los que no se puede comprometer al nivel” que exige el programa.
Asimismo, hay que añadir que la crisis producida por la Covid-19, que además paralizó el proyecto, produjo un descenso en la cifra de familias acogedoras. No obstante, poco a poco, se han ido alcanzando los datos prepandemia.

Con ‘Vacaciones en paz’ se pretende “crear lazos y puentes entre dos pueblos que siguen hermanados”. “Es bonito escuchar a los niños como hablan de sus dos familias, se hace un vínculo muy potente”, dice Ainhoa Carretero, prima de Raquel y cuya familia acogió a Maya en 1998.
Ainhoa, ahora coordinadora de la asociación de Colmenar Viejo, se traslada con regularidad a los campamentos saharauis a casa de su hermana de acogida, extendiendo un vínculo de más de 25 años y que al final animó a su prima Raquel a formar parte del proyecto. “Hay familias que organizan viajes en el puente de la Constitución o en Semana Santa o cuando se organizan los viajes de cooperación. Es una manera de conocer el mundo de los niños, más allá de que vengan aquí”, manifiesta.
¿Cómo funciona ‘Vacaciones en paz’ en Madrid?
En Madrid existen una veintena de asociaciones, unidas por la Federación de la Comunidad de Madrid de Asociaciones Solidarias con el Sáhara (FEMAS-Sáhara), encargada de enviar a cada entidad municipal las solicitudes de las diferentes familias acogedoras, así como de dar más visibilidad al proyecto.
Cada asociación se encarga de hacer el papeleo previo para que los niños saharauis puedan venir a Madrid cada verano. Pero este no es el único proceso, pues una vez que se realiza su marcha, las entidades recogen las impresiones de las familias acogedoras y “tantean” si están dispuestos a continuar con su labor. “Las familias hasta que no se acerca la fecha no se plantean si quieren o no acoger a estos niños. En el mes de mayo, ya tenemos que saberlo para poder hacer todo el papeleo, pues hay muchos organismos implicados y siempre andamos pillados con los plazos”, afirma la coordinadora de Colmenar Viejo.