Un incendio ha arrasado la caseta central de Burrolandia. Las llamas han quemado un espacio en el que la asociación protectora del burro guardaba muchos enseres y pertenencias a lo largo de los 30 de existencia. Afortunadamente, los animales se encuentran a salvo y fuera de peligro. Pero ahora, sus propietarios tienen que hacer evaluación de los daños y pérdidas para decidir si pueden abrir en las próximas semanas.
Con el alma en un puño, Dilfenio Romero, presidente de Burrolandia, intenta cuantificar los daños producidos por el incendio. "Menos mal que los animales están a salvo", no deja de repetir durante la conversación que mantenemos con él, la cabeza visible de la Asociación Amigos del Burro y de este espacio dedicado al cuidado y conservación del burro que lleva nada menos que 30 años preservando la especie. "Todavía se sienten raros, los animales estuvieron dos días sin comer", cuenta muy afectado recordando el incidente.
Preocupado por el estado de los animales -con los burros conviven otros animales, como caballo, mulas, cabras y gallinas- solo piensa en lo que podría haber pasado si no hubiesen recibido la llamada de un vecino: "Nos llamó el domingo a las 23.30 horas para decirnos que veía fuego en la parcela". No se equivocó. La llamas, que alcanzaron los cuatro metros de altura, devoraron la caseta central, sin poder salvar nada de lo que guardaban: "Cuando llegaron los bomberos ya era tarde, el fuego se había extendido".
"Estamos evaluando los daños para gestionar las pérdidas del incendio"
La madera reciclada con la que se construyó este almacén no ayudó mucho, "ardió con facilidad", explica Dilfenio. Convencido de que no ha sido provocado, se encuentran a la espera de conocer los resultados de la investigación: "Posiblemente se trate de algún cortocircuito". Una teoría que no anda descaminada teniendo en cuenta que en esta caseta se ubicaban las oficinas, cocina y el bar en el que los visitantes consumían comida y bebida cuando visitaban el espacio los domingos -día de puertas abiertas-. Un dinero destinado al mantenimiento de los animales de Burrolandia: "Nos da para aguantar y conservar los animales con lo justo".
Máquinas para el mantenimiento de la finca, de 12.000 metros cuadrados, radiales, taladradoras y compresores son algunos de los materiales que han perdido en el incendio. Han quedado totalmente calcinados junto a electrodomésticos como la nevera, horno, freidora y termo y todos los utensilios de cocina -ollas, caceloras, sartenes, vasos, platos...) que utilizaban cada domingo. Ahora, Dilfenio pide ayuda y colaboración para recuperar la actividad normal y continuar abriendo las puertas este último día de la semana. "Necesitamos cualquier aportación porque hasta nosotros solos estamos recogiendo los escombros", apunta el presidente. Unas contribuciones materiales y económicas que les ayudará a salir adelante a pesar de derrumbarse cada vez que miran los efectos del demoledor incendio: "No podemos remediar mirar el solar y el montón de escombros en lo que se ha convertido. Con el incendio se han ido también muchos recuerdos e historia".
Horas de esfuerzo y trabajo que se han desvanecido en poco tiempo pero que no les amedrentará en su objetivo: seguir preservando a los 49 burros y el centenar de animales rescatados de una situación de abandono y recuperados en este hogar.
Situado en Tres Cantos, Burrolandia se dedica a la preservación y el estudio de los burros. Los visitantes pueden conocer el hábitat y comportamiento de estos animalesos animales. Además, hay actividades para la familia y los más pequeños como montar en un carro tirado por un burro. Abre cada domingo de 10 a 14.30 horas y la entrada es gratuita -se aceptan donaciones-.