Cuando se presentó en Madrid con El zapato de raso, en 1965, no era todavía el actor admirado y respetado por todo el mundo. Durante casi medio siglo Alcón cruzó el Atlántico con regularidad. Cada vez que venía su prestigio había aumentado. En 1973 - en el Lara- protagonizó "La ciudad en la que reina un niño". Pero sería diez años más tarde cuando puso en pie cada tarde a la platea del María Guerrero con "Eduardo II". En aquella ocasión Antonio Banderas tuvo que sustituir a última hora al actor que encarnaba a Gaveston, lesionado inoportunamente. Entre Alcón y Banderas surgían chispas en cada representación. Se inició entonces también una fructífera relación profesional con el director Lluis Pascual. La última vez que trabajaron juntos en Madrid se produjo el año 2002 en La Abadía. Entre tanto: El público (1987), Haciendo Lorca (1996) y Los caminos de Federico.
Alfredo se embarcó también en algunos proyectos españoles que no resultaron bien. Don Álvaro, o la fuerza del sino, fue un auténtico descalabro. Le pregunté por aquel montaje a Alcón hace cinco años y no le faltó más que sacarme el crucifijo para exorcizarme. Más tarde hizo en el Bellas Artes Kean, soberbio trabajo interpretativo que no interesó a casi nadie.
Y, finalmente, el monumental Rey Lear, una clase magistral difícil de olvidar. Alcón tenía ya 79 años pero era una fuerza arrolladora en el escenario y un ser humanamente adorable fuera de él.
A Madrid llegó también en los setenta otro actor, Walter Vidarte, compañero durante muchos años de Alfredo. Se presentó con "Hablemos a calzón quitado" en 1976. Él ya no dejó España hasta su fallecimiento hace casi tres años. Ayer la muerte volvió a unir a estos dos colosos de la escena. Se les llora a ambos lados del Atlántico.