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Sonríe ¿Y la mierda callejera?

Sonríe ¿Y la mierda callejera?

lunes 01 de octubre de 2012, 00:00h
Actualizado: 16/10/2012 14:49h
Estos días se nos anima, mediante una publicidad municipal, a sonreír a los turistas. Y, no sé por qué, me viene a la memoria aquella campaña de los gobiernos franquistas conocida como “Sonría, por favor…” Jugadas de la memoria, supongo. Pero esta nueva iniciativa para que seamos simpáticos con los visitantes –creo que ya lo somos mucho- me provoca una pregunta: y de la mierda en las calles del centro ¿qué? Porque, por mucho que sonriamos, la porquería no va a desaparecer de zonas como Sol, Tirso de Molina, Malasaña, trasera de la Gran Vía, Lavapiés… De los barrios céntricos por los que pasean los turistas. Y los madrileños, claro. Por mucho que sonriamos, dudo que desaparezca el impacto negativo de los vertederos en que se han convertido los iglús para el reciclado. Por ejemplo en Doctor Cortezo, Tirso de Molina, Embajadores, Carretas. Estos depósitos se han convertido en uno de los problemas más graves de la limpieza urbana. Por mucho que sonriamos, las decenas de tele-sacos rebosando escombros de pequeñas obras seguirán en las esquinas. O los contenedores para las mismas obras, con toneladas de desechos a cielo descubierto. En algunas capitales –París por ejemplo- se obliga a retirar diariamente los escombros que generan las pequeñas reformas. Por muy amplia que sea nuestra sonrisa, las paredes chorreando restos de carteles publicitarios y de la cola para pegarlos seguirán ahí. Como en toda la calle Hortaleza o en Carretas. Y los turistas se llevan en sus cámaras ese ejemplo de descuido, cutrerío y suciedad. Algunas ciudades –San Sebastián, por ejemplo- tienen totalmente prohibida esta publicidad. Y así luce la ciudad.Y otro tanto puede decirse de los miles de cartelitos que enguarran postes de luz, de semáforos, paredes, mobiliario urbano. En ellos siempre viene una dirección o un teléfono. Más fácil de sancionar… Ya nos pueden salir agujetas en los carrillos por sonreír mucho que el centro de Madrid seguirá oliendo a meados en cualquier esquina. A menos que patentemos el aroma a pis como el “Eau de Madrid”. Sonreiremos hasta el desmayo a nuestros visitantes, pero en las papeleras callejeras seguirán sin entrar los desperdicios. El diseño -¡maldito diseño!- de esas papeleras está pensado para todo lo que se quiere tirar en ellas caiga alrededor.

Sonreímos y no dejamos de sonreír, pero los camareros de casi todas las terrazas seguirán echando los desperdicios de las mesas al suelo, creando una densa capa de mierda sobre la que se cobra cuatro euros por cerveza. Los perros no sonríen pero sus dueños dejan cientos de cacas en las aceras, que no provocan alegría precisamente entre los viandantes. Y, para escupir hay que dejar de sonreír. Deberíamos rescatar aquellos carteles de “prohibido escupir” que ya habíamos desterrado pero que el incivismo actual vuelve a hacer necesario. Hay una determinada etnia –no digo cual que los partidarios de lo políticamente correcto se enfadan- que escupen como llamas a todas horas, en todas las esquinas. ¡Qué asco! Millones de sonrisas no ocultaran la repugnancia ante el lapo.

Quienes sí sonríen, y mucho, son los manteros, los chinos masajistas de taburete. Mucho, sonríen mucho y dan una inmejorable impresión a los turistas sobre nuestra pertenencia al primer mundo.

Y yo, por mucha sonrisa que vea en los rostros de los madrileños, no dejo de pensar que el Ayuntamiento parece haber desistido de plantar cara al cada vez más preocupante problema de la suciedad y el abandono del centro madrileño. Estoy convencido de que hay ordenanzas suficientes para frenar este deterioro urbano. Pero hay que aplicarlas y multar su incumplimiento. Por la policía municipal, supongo, está para hacer cumplir las normas municipales ¿no?

Me atrevo a atribuirme la denominación de “eje de la mierda” al itinerario entre Red de San Luis y Tirso de Molina: Montera, Puerta del Sol, Carretas, plaza de Benavente, Doctor Cortezo… ¡Qué imagen para los turistas! ¡Qué incomodidad para los madrileños y los negocios! ¿Cómo puede tener un negocio como el teatro Calderón, tanta mierda, tanta mugre, tanto desperdicio en su puerta principal? Y eso que es un edificio histórico con la máxima protección…

Sonriamos, sí, pero no creamos que con eso la imagen de Madrid mejorará. Mientras hasta tanta mierda y tanto abandono en las calles, nuestra ciudad ofrecerá una cara francamente deplorable. Y no lo escribo porque eso me haga sonreír precisamente.

Antonio Castro

Cronista Oficial de la Villa

Periodista durante 35 años en RTVE, especializado en información local y de cultura. Autor de varios libros sobre historia teatral. Desde el año 2007 es Cronista Oficial de la Villa de Madrid

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