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Arcade Fire prenden Madrid

Arcade Fire prenden Madrid

Por Carmen M. Gutiérrez
domingo 21 de noviembre de 2010, 00:00h
Actualizado: 22/11/2010 15:18h
Intensos, histriónicos, entregados. Así se mostraron Arcade Fire sobre el escenario del Palacio de los Deportes, que llenaron hasta la bandera este sábado en Madrid. El concierto, en imágenes.
Cuando los canadienses lanzaron su primer disco, 'Funeral', en 2004 no tenían discográfica, pero eso no les impidió llegar a casi todos los rincones con sus canciones que se convertían en himnos con solo dos escuchas y conseguir ser adorados por la crítica especializada. Estaban llamados a convertirse en una de esas bandas a las que no les queda más remedio que ser reconocidos por el gran público pese a sus orígenes independientes. Ahora, con tres LP a sus espaldas, están entregados al rock de estadio.

La banda, con sus ocho músicos, sonó contundente desde la primera canción del concierto, 'Ready to start', sin dar un respiro hasta la última, 'Wake up', cuando la euforia ya se había apoderado de un público que no había ido por casualidad al concierto. Los coros de los asistentes ni siquiera necesitaban que el cantante, Win Butler, les marcara el tono.

El repertorio no solo se centró en el disco que presentaban en Madrid, 'The suburbs', sino que, sin complejos, escogieron los mejores temas de los anteriores, sobre todo, del primero, del que salieron las canciones más celebradas. Mención especial merecen las que interpretó en solitario la cantante Régine Chassagne, 'Haiti' y 'Sprawl II', que pusieron el contrapunto delicado del pop. 

Incontenida puesta en escena
No son solo las canciones lo que atrapa de Arcade Fire. Influye y mucho el abrumador despliegue musical, con ocho componentes turnándose los instrumentos, dos baterías, teclados, piano, violines, bajo, acordeón, panderetas y algun instrumento realmente extraño. También forma parte del 'pack' la incontenida puesta en escena, con los bailes robóticos de Régine Chassagne, los aires de estrella del rock de Win Butler -subido a la valla en la que se apostaba la primera línea de público-, y la presencia de su saltarín hermano, William Butler, quien se precipitó del escenario de metro y medio al foso sin previo aviso y llevado por un estusiasmo un tanto peligroso.

Dicen que lo bueno si breve, dos veces bueno. Quizás esa sea la única pega que se le pueda poner al concierto de Arcade Fire, aparte de un sonido mejorable, pues, con bis incluido, solo duró una hora y media, de pura intensidad, eso sí. La gente se quedó con ganas de más. "Oooo, oooo, oo, oo, (en plan 'Wake up')... Estoy que quemo Madrid", decía un chico por teléfono a la salida del concierto.
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