Si los lubricantes aún resultan un tema tabú, no por prejuicios, sino por desconocimiento, es importante explicar de una vez por todas en qué consisten. Y, además, destacando qué son los lubricantes naturales o BIO, que se han convertido en toda una tendencia dentro de esta gama de productos.
No podemos olvidar que los niveles de hidratación de la vagina no siempre son óptimos, lo que ocasiona problemas de fricción e incluso molestias. Es en estas ocasiones en las que se debe contar con un lubricante natural, pero hay muchas más razones para hacerlo, pues mejora las relaciones sexuales durante la menopausia y tras el parto.
Lo cierto es que los lubricantes naturales no son productos novedosos. Se trata de aliados bastante antiguos, de cuyas bondades ya estaban al tanto en diferentes civilizaciones históricas. Así, en la antigua Grecia y en el imperio romano optaban por el aceite de oliva. En suma, no hay nada nuevo bajo el sol en este aspecto, pero sí que nos encontramos con una gran evolución, comodidad y disponibilidad de esta clase de productos que podemos incorporar con éxito a nuestra vida íntima.
Por supuesto, los lubricantes aportan muchos beneficios desconocidos. Vemos algunos de ellos a continuación:
- Suelen contar con ph neutro o ingredientes activos como el ginseng, que favorecen la flora vaginal que resulta fundamental para evitar infecciones.
- Ayudan a afrontar los problemas de la menopausia, como una mayor sequedad vaginal que dificulta las relaciones íntimas.
- Tras el parto, y una vez pasada la preceptiva cuarentena, las mujeres pueden presentar problemas de lubricación que pueden ser especialmente dolorosos. A esto se suma la posible presencia de cicatrices, ya sea por una episiotomía practicada en el momento de dar a luz, o por desgarros causados por el alumbramiento.
No se debe pasar por alto que existe una auténtica fiebre por lo natural y los productos ecológicos. Por supuesto, los lubricantes no escapan a esta tendencia. No hablamos de regresar a los viejos remedios de los griegos y romanos, pero sí de apostar por artículos en cuya formulación se prescinde de sustancias químicas como parabenos, transgénicos, colorantes, conservantes sintéticos e ingredientes que hayan sido cultivados con pesticidas. También los envases resultan más sostenibles, pues se elaboran con vidrio o con plásticos compostables y, evidentemente, no han sido tampoco testados en animales.
Por supuesto, prácticamente la mayoría de ellos ostenta un sello que acredita que se cumplen las máximas exigencias en esta cuestión. De lo contrario, no podrían catalogarse como lubricantes BIO.