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Entrevista con la embajadora de Polonia, Marzenna Adamczyk
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Entrevista con la embajadora de Polonia, Marzenna Adamczyk (Foto: Hugo Lescura)

Marzenna Adamczyk: "El Hogar Polaco es el mejor ejemplo de que no existe la casualidad en el mundo"

Por Cristina Valdivielso
domingo 20 de junio de 2021, 08:52h

Marzenna Adamczyk no cree en casualidades, aunque a veces se junten muchas de golpe. La embajadora de Polonia en España profesa que el Hogar Polaco es una de ellas, pero se trata de una de esas sorpresas que el azar coloca por alguna razón.

A la emisaria polaca, como profesora y diplomática, le gustan la buena enseñanza y las curiosidades históricas. Cuando llegó hace cinco años a España, y concretamente a Madrid, estuvo unos meses buscando el que sería su hogar un tiempo. Durante esa búsqueda, se enamoró de un armónico piso, propiedad de los marqueses de Ibarra. Marzenna habla de esta vivienda como “el mejor ejemplo de que no existe la casualidad en el mundo. Hay algo o alguien que lo guía todo y hace que las cosas sucedan cuando han de suceder”.

Pero no se trataba de un edificio cualquiera, porque ese lugar, 80 años atrás, había servido de refugio para unos cuantos españoles que buscaban resguardarse de la Guerra Civil que castigó a España y “daba igual que fueran de izquierdas o de derechas”, comenta la embajadora, porque era una cuestión de humanidad.

Un encuentro nada casual

El alcalde de Madrid descubre, junto a la embajadora de Polonia en España, la placa conmemorativa del Hogar Polaco.

Desde Varsovia, Marzenna Adamczyk deseaba que su futura residencia estuviera en el centro de Madrid, porque le gusta el ruido y el olor del asfalto tan característico de las ciudades llenas de vida, aunque el lugar debía tener cierta capacidad para poder celebrar pequeñas recepciones. Con la ayuda de una agencia, la embajadora encontró pronto un piso del que se enamoró. Pero, por alguna razón que hoy en día se nos escapa, los dueños del lugar no querían que allí residieran diplomáticos.

A pesar de que visitó múltiples casas por las alborotadas calles de la capital, esa pequeña vivienda de la Glorieta de Rubén Darío (a la que antiguamente se referían como Plaza) rondaba sin cesar su cabeza.

"Daba igual que fueran de izquierdas o de derechas"

El edificio era propiedad de la Familia Ibarra y pronto cambiaron de opinión dando un rotundo sí al arrendamiento, cuenta la embajadora: “Por esa casualidad que no existe, las hijas de la marquesa y la propia marquesa se enteraron, y no tenían por qué enterarse porque el alquiler se gestionaba a través de la agencia, de que se trataba de la embajadora de Polonia la que estaba interesada en el piso”. La emisaria polaca ansiaba conocer por qué solo al enterarse de la procedencia del país de la interesada se permitió: “Por qué ese cambio de actitud”.

Más de 80 años después

Marzenna solo pudo conocer la historia una vez firmado el contrato en noviembre de 2016, justo 80 años después de la fundación de este Hogar Polaco, creado casualmente en el noviembre de 1936. Ya había estallado la Guerra Civil y la brutalidad recorría las calles de Madrid. Recordando aquellos momentos, la embajadora reflexiona sobre la falta de humanidad de las personas en los enfrentamientos bélicos: “La crueldad es lo que más se observa en las guerras civiles, porque tienes miedo hasta de tus vecinos”.

Marzenna Adamczyk, embajadora de Polonia en España

En aquel invierno de 1936, alguien llamó expresamente a la legación polaca, aunque todavía se desconoce la razón, para solicitar ayuda y protección. Y allí llegaron: “El encargado de negocios cogió el coche oficial, se presentó allí y, viendo que la situación era realmente difícil, arrancó el banderín del coche y lo clavó en la puerta de entrada”. De esta manera, bautizó el edificio como la Embajada Polaca, propiedad de la Delegación de Polonia, de la que nadie podría entrar o salir.

El edificio pertenecía, y sigue perteneciendo, a la Familia Ibarra, pero esta se fue al norte (donde tenían algunas propiedades) cuando comenzó la guerra y permanecieron allí el tiempo que duró el conflicto. Cedieron, entonces, la propiedad al cónsul polaco, donde se organizó ese llamado Hogar Polaco. Se trata de un edificio grande de múltiples habitaciones. En la época llegaron a convivir entre 30 y 40 personas dentro de una sola habitación.

Este lugar nació como amparo, cuenta la embajadora: “Comenzó a ofrecer refugio a todas esas personas que se sentían en peligro. Y ahí se instaló el cónsul que controlaba todo el proceso de admisión”. Por una simple razón de carácter racional, ningún bando quería tener problemas diplomáticos, por lo que las embajadas constituían una especie de fuerte infranqueable.

“Gracias a unos certificados falsos como Judas que se expidieron en la legación, se pudo sacar a algunas personas de las checas y el edifico quedó prácticamente inmune”, comenta la embajadora.

El objetivo, sobre todo, era que esas personas se sintieran seguras, pero es cierto que también había que alimentarlas. El principal problema es que el Madrid de la época estaba pasando hambre, además de que la entrada y salida de la embajada estaba prohibida: “No sé cómo se las apañaban para comer, porque hacían malabarismos, pero nadie se murió de hambre. Ellos de verdad también se jugaban la vida, porque existía ese riesgo”.

Otro momento del azar

A los dos años de conocer la historia, “por otra de esas casualidades que no existen, me encontré con una señora, la cual estuvo presente en el posicionamiento de la placa. Ella me contó que, de niña, estuvo unas semanas viviendo en ese Hogar Polaco. Cosas de la vida. Y la verdad es que no creía que pudiera haber alguien con vida que hubiera vivido eso”, explica.

El Hogar Polaco salvó alrededor de 400 vidas

“Yo no sabía qué hacer para que esa historia no cayera en el olvido. Por eso quería conmemorarlo”, concluye la embajadora. Y de aquí el nacimiento de la placa que "la Familia Ibarra puso en honor a los diplomáticos que salvaron tantas vidas, las suyas incluidas”.

Y de la mano de algunos otros salvadores como Esteban Tobias Hoenigsfeld, se salvaron alrededor de 400 vidas. Este ingeniero polaco también ayudó a múltiples personas a refugiarse y a otras tantas a escapar a Polonia en busca de paz.

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