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SEMANA DE LA ARQUITECTURA

Edificio del Estado Mayor de la Defensa
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Edificio del Estado Mayor de la Defensa (Foto: Mónica González Boto)

Así es el edificio del Estado Mayor de la Defensa: visitas guiadas al edificio de Gutierrez Soto

Por Carlota Vergara
martes 07 de octubre de 2025, 07:00h
Actualizado: 12/10/2025 09:10h

Durante años, el edificio del Estado Mayor de la Defensa, ubicado en el Paseo de la Castellana, ha permanecido oculto tras su sobria fachada de granito, como si su historia se hubiese custodiado junto a los secretos militares que ha albergado. Pero ahora, gracias a las visitas organizadas por el Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid (COAM), dentro de la Semana de la Arquitectura, los ciudadanos tendrán la oportunidad de recorrer el proyecto del arquitecto Luis Gutierrez Soto. Un conjunto ideado entre 1949 y 1953 y que supuso un punto de inflexión en la trayectoria de uno de los arquitectos más prolíficos del siglo XX en España.

El arquitecto y especialista Julio José Lázaro ha contado a Madridiario, frente a la edificación, una historia que se mueve entre la modernidad y la obediencia. Entre el talento creativo, pero también las imposiciones del régimen. “Este edificio se visita porque supone un punto de inflexión en la arquitectura de Gutiérrez Soto”, ha explicado Lázaro. “Aquí ha cambiado de lenguaje, ha dejado atrás la monumentalidad impuesta del régimen y ha apostado por una arquitectura más racional y funcional”, ha detallado el profesional.

Luis Gutiérrez Soto fue un personaje esencial en la configuración de la capital contemporánea. Nacido en 1900, se graduó en la Escuela de Arquitectura de Madrid en 1923, dentro de la aclamada 'Generación del 25', a la que también pertenecieron figuras como García Mercadal. Fue el número uno de su promoción y antes de titularse ya ejercía como decorador, oficio que le permitió desarrollar “un agudo sentido estético” y una relación muy práctica con los materiales. Su trayectoria, salpicada por anécdotas, incluye incluso su paso por el Real Madrid, donde “le llamaban el pichichi”. Según el guía que nos permite la entrada al Estado Mayor de la Defensa, se trataba “un madrileño de pura cepa, un hombre abierto, con habilidad social y una capacidad enorme para generar clientela”.

Patio interior del edificio del Estado Mayor de la Defensa

Esa destreza comunicativa le permitió posicionarse como arquitecto de la oficialidad y de la burguesía madrileña. Gutierrez Soto construyó más de 600 edificios, de los que más de 400 se encuentran en la capital. Cines como el de Callao, el Barceló o el Europa; viviendas en el barrio de Salamanca; clubes o colegios forman parte de un catálogo que ha definido la imagen del Madrid moderno. Su carrera estuvo marcada por los vaivenes de la historia. La Guerra Civil cambió el gusto y la estética hegemónica. Tras el conflicto, la arquitectura racionalista y funcionalista, asociada en Europa a la modernidad, fue sustituida en España por la llamada “arquitectura escurialense”. El régimen franquista quiso volver a la monumentalidad: piedra, chapiteles, pórticos clásicos o grandes escalinatas.

Bajo ese contexto, el arquitecto madrileño recibió el encargo del Ministerio del Aire, un edificio criticado durante décadas como símbolo de la arquitectura del régimen, también por sus similitudes con el Monasterio de El Escorial. Pero, como ha recordado Lázaro durante la visita, “ha sido injustamente tratado”, pues “era un arquitecto que se debía a su clientela”. Sin embargo, el propio Gutierrez Soto, tras viajar representando a la arquitectura española por América, volvió comprendiendo la contradicción de aquel proyecto arquitectónico. En su regreso, decidió cambiar su estilo y el primer ejemplo de esa mutación fue el edificio del Estado Mayor de la Defensa. “El primer proyecto era muy cuartelero”, ha explicado Lázaro. “Un edificio cerrado, de ladrillo y granito, con torres y chapiteles”.

El resultado dio lugar a una obra prudente, pero mucho más moderna que sus construcciones anteriores. El arquitecto concibió una planta en ele, abierta hacia el patio de honor, eliminando el carácter cerrado de los antiguos cuarteles. Asimismo, prescindió de los elementos decorativos más clásicos. En esta construcción, las columnas son cilindros lisos, sin capiteles ni molduras; y las pilastras son rectangulares y desnudas. Por su parte, la ornamentación fue sustituida por la proporción. “Le quitó todos los elementos superfluos de decoración clásica”, ha señalado el guía. “Todo está muy limpio. Las ventanas son nobles, los materiales están escogidos con cuidado, el granito y la piedra de Colmenar se han usado con maestría”, ha asegurado el especialista.

“Todo está muy limpio. Las ventanas son nobles, los materiales están escogidos con cuidado, el granito y la piedra de Colmenar se han usado con maestría”

Uno de los recursos más innovadores de este edificio es el sistema de protección solar inspirado en los brise-soleil de Le Corbusier. Estos elementos móviles permiten controlar la entrada de luz solar y la ventilación en función del sol. Para la cúpula militar de los años 50, aquello fue una revolución. Y, “la verdadera recepción del edificio no está en la escalinata, sino en el vestíbulo”, ha observado Lázaro. Todavía intacto, ha sido uno de los espacios más admirados por los militares. Las carpinterías de acero, “finas, muy bien proporcionadas”. Durante la visita, el guía ha insistido también en la relación del edificio con los materiales típicos de Madrid. “El granito de la Sierra de Guadarrama, la piedra caliza de Colmenar y el ladrillo son la trilogía constructiva madrileña”, ha recordado.

El edificio, de tres plantas sobre rasante, combinó la funcionalidad con la monumentalidad característica de la época. Cuando se construyó, la vista hacia el eje de la Castellana y los Nuevos Ministerios era conocida como “los altos del hipódromo”. Aquella era todavía una zona de expansión, poblada de nuevos equipamientos institucionales, muchos de ellos proyectados por conocidos arquitectos de la misma generación como Secundino Zuazo o Miguel Fisac. Más allá de su valor arquitectónico, el edificio ha simbolizado un cambio de actitud. “Aquí Gutiérrez Soto ha demostrado que se puede hacer una arquitectura moderna, racionalista, sin necesidad de traicionar la escala ni el contexto”, ha resumido Lázaro.

El proyecto, redactado en marzo de 1950, constó apenas de cinco hojas. “Una memoria brevísima”, en palabras de Lázaro, que se muestra sorprendido al compararla con la burocracia actual. La construcción concluyó tres años más tarde y, desde entonces, el edificio ha albergado diversas dependencias militares.

70 años después de su inauguración, el edificio del Estado Mayor de la Defensa ha vuelto a ser motivo de interés. Su recuperación para las rutas arquitectónicas del COAM le va a permitir liberarse del peso ideológico que lo acompañó durante décadas. Estas visitas organizadas, dentro de la Semana de la Arquitectura de Madrid, han incluido este año el acceso a varios edificios institucionales habitualmente cerrados al público. Las inscripciones son gratuitas y abiertas a través de la web de la Semana de la Arquitectura. En particular para este encuentro, las visitas se realizarán este 8 y 9 de octubre a las 16.00 horas, con un aforo de 25 personas previa inscripción.

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