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El convento abandonado de Santo Domingo el Real, en la calle Claudio Coello.
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El convento abandonado de Santo Domingo el Real, en la calle Claudio Coello. (Foto: Antonio Castro)

Convento de Santo Domingo el Real: el cierre de una institución histórica

miércoles 27 de marzo de 2024, 10:39h
Actualizado: 04/04/2024 08:02h

El convento histórico que dio nombre a la Cuesta de Santo Domingo desapareció a final de 1869. Tras el derrocamiento de Isabel II, en la denominada ‘Gloriosa’, el nuevo gobierno quiso generar recursos y para ello volvió a desposeer a la iglesia de numerosas propiedades, entre ellas el convento de Santo Domingo el Real. Para ello se ordenó el traslado de las religiosas que lo habitaban, que lo abandonaron durante la primera semana de 1869. Las monjas fueron trasladadas al convento de Santa Catalina, de la misma orden, que entonces estaba en la calle Mesón de Paredes, en la actual plaza de Nelson Mandela. El gobernador de Madrid se incautó de sus tesoros.

Grabado de la Plazuela de Santo Domingo (Foto: Biblioteca Nacional)

Tras quedar vacío, comenzó el proceso para el derribo, sin atender al posible valor artístico que pudiera tener el edificio. El gobierno informó de que había enviado una comisión de expertos (¿les suena…?) para evaluar su interés, que declararon nulo y, por tanto, susceptible del derribo. Sin embargo, unos días después, la Academia de las Nobles Artes San Fernando emitió un extenso comunicado en el que afirmaba que ninguno de sus miembros había participado en esa comisión y que, al contrario, ellos estimaban que el convento sí merecía la pena salvarse. En La independencia española (4-6-1869) se publicaba:

“ A ruegos de individuos de la misma Academia debemos decir que no solo ni esta ni su comisión de monumentos han dado semejante informe, sino que, por el contrario, la Academia dirigió en 7 de enero último a los señores ministros de Fomento y Gobernación, y al señor gobernador de la provincia, respetuosas exposiciones en que, además de consignarse el mérito histórico del edificio, pedía la conservación de muchos objetos de arte existentes en el mismo”.

No tuvo efecto ningún informe o protesta. En noviembre de 1869 ya se había derribado el convento. El arquitecto de la Dirección de Propiedades y Derechos del Estado, dividió el solar en doce parcelas que fueron subastadas para construir viviendas.

El desaparecido convento fue fundado por el santo en el siglo XIII gracias a la generosidad del rey Fernando III, El Santo, que cedió una huerta a los religiosos para edificarlo en una ubicación muy próxima al alcázar. Mesonero Romanos data en 1217 esta fundación. Un año después pasó a ser convento de monjas. Un siglo más tarde, Alfonso XI costeó la capilla mayor de la iglesia, en la que también hubo importantes retablos y lienzo de Ricci, Carducho o Eugenio Cajés. Los historiadores destacan que en el templo del convento se enterraron numerosas personalidades. La tumba más imponente era la del rey Pedro I y su nieta Constanza, que fue priora del convento. Con todo, la obra más espectacular era la sillería del coro, obra de Juan de Herrera y encargada por Felipe II. La estatua de Pedro I y el mausoleo de su nieta se exponen actualmente en Museo Arqueológico Nacional.

La pieza más curiosa que albergó fue la pila en la que se supone que fue bautizado Domingo de Guzmán, en su localidad natal, La Caleruega. Tras su canonización, la pila fue convertida en reliquia y Felipe III ordenó su traslado para bautizar en ella a su heredero. Finalmente, quedó custodiada en el convento madrileño, del que ha salido para cada bautizo real. La última vez fue para el de la Infanta Sofia, con agua del Jordán, como también manda la tradición. Ahora esa pila-reliquia fue depositada en la basílica de Nuestra Señora de Atocha el pasado 10 de febrero. Se ha instalado en una capilla a la izquierda del altar mayor, en la que también se exhibe una hermosa talla de Santo Domingo, realizada en el siglo XVIII por Luis Salvador Carmona y que también pertenecía a las dominicas.

Pila bautismal de Santo Domingo Guzmán (Foto: Antonio Castro))

Además, en el claustro del convento (de clausura) se veneraba la Madona de Madrid, una talla de un metro de altura que se supone data del siglo XIV. La talla también ha sido depositada en la basílica de Atocha, aunque no está expuesta a la veneración.

El convento nuevo

El 6 de marzo de 1882 estaba previsto que las 19 religiosas que quedaban del convento derribado, se instalaran definitivamente en el nuevo edificio construido en la calle de Claudio Coello. Durante trece años habían estado alojadas en el convento de Santa Catalina, que tampoco existe. Ese mismo día 6 falleció don Francisco Maroto y Martínez, médico y cirujano, beneficiario de la orden, que había cedido el terreno y costeado la obra. No alcanzó a firmar la escritura de cesión a las monjas, así que el traslado se suspendió. Los herederos del capitalista respetaron su voluntad y, finalmente, el 11 de abril de 1882, las religiosas entraron en su nueva casa. La Casa Real puso a su disposición coches para efectuar el traslado. Los días 16,17 y 18 de ese mes se celebró un triduo para abrir el templo al culto regular. El cardenal arzobispo de Toledo, el obispo auxiliar de Madrid y el Nuncio del Papa, presidieron los oficios. La prensa de derechas, la católica, saludó así la apertura (La Unión, 8-8-1882):

“ ¡Quiera el cielo concederlas, por su mediación poderosa, paz y sosiego en la nueva morada que, por la generosidad de un buen católico, han logrado, después de haber sido violentamente desposeídas por la revolución, de la que les dio y fundó el mismo santo!”

Don Francisco Maroto había anunciado en 1879 el mecenazgo del nuevo convento y templo, con secciones para la educación de niños y niñas. Según el proyecto de Vicente Navarro, los cimientos comenzaron a excavarse en julio de ese mismo año. Entonces se anunciaba en la prolongación de Claudio Coello. Actualmente es el número 112 de esa calle.

El pasado mes de febrero las seis religiosas dominicas abandonaron este complejo, trasladándose al convento de Santo Domingo el Real de Segovia. Antes de irse quisieron que los objetos relacionados con Madrid, se quedaran aquí, aunque siguen siendo sus propietarias. En el edificio de Claudio Coello solo permanecen abiertas una librería en la planta baja de una de las alas y la sede la Orden Militar y Hospitalaria de San Lázaro de Jerusalén.

No es el único convento que ha quedado deshabitado por la falta de vocaciones y el envejecimiento de las religiosas. Hace menos de un año el convento de San Plácido, en la calle de San Roque, también cerró. Fundado hace 400 años, había visto cómo cada día tenía menos monjas. Antes del cierre solo quedaban cuatro, por lo que la orden dispuso el traslado y cierre. Este edificio de Malasaña está declarado Bien de Interés Cultural.

Capilla de Santo Domingo en la Basílica de Atocha (Foto: Antonio Castro)

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