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La casa del patrimonio natural y etnológico

Por Jonathan Gil Muñoz
miércoles 06 de octubre de 2021, 10:05h

En esta columna venimos hablando, desde hace ya unos años, del enorme patrimonio natural que atesora la Comunidad de Madrid. Su localización en el centro de la península ibérica, hace que en nuestra región podamos encontrar paisajes radicalmente diferentes a pocos kilómetros de distancia unos de otros, presentando así un mosaico natural de gran interés, siendo su gran contraste su seña de identidad.

Por ejemplo, en el extremo norte de la Comunidad de Madrid podemos encontrar un bosque atlántico, como es la Dehesa Bonita de Somosierra, donde crecen abedules, robles, acebos, avellanos, etc., en contraposición a los ecosistemas semidesérticos que conforman los cortados yesíferos del Parque Regional del Sureste. Dos entornos cuyas características difieren enormemente y entre los que podríamos colocar los bosques mediterráneos, las dehesas y pinares que también podemos encontrar en la Comunidad de Madrid. Ecosistemas que son el hogar de un abanico casi infinito de flora y fauna, llenando de vida nuestras montañas, montes bajos, valles, llanuras cerealistas, entornos ribereños y vegas, etc. En resumidas cuentas, el medio natural madrileño es, yo me atrevería a decir que único en la península por albergar una enorme variedad de espacios en un territorio relativamente pequeño.

Bien, llegados a este punto, ¿conocemos ese patrimonio natural? Aquellos que nos visitan y tiene la inquietud de conocer nuestros tesoros naturales, acuden digamos que a los más señalados por motivos de tiempo, como por ejemplo el Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama, quedándose en el tintero otros muchos lugares dignos de conocer. ¿Eso quiere decir que los madrileños sí que los conocen? No, nada más lejos de la realidad. En gran medida a los ‘autóctonos’ nos pasa como a los turistas: nos vemos arrastrados por las campañas publicitarias y acudimos en masa a los mismos lugares una y otra vez. En este sentido, es encomiable la labor de los centros de recepción de visitantes que encontramos repartidos por toda la Comunidad de Madrid, pero no es suficiente, siendo necesario un apoyo extra en lo referente a la conservación y divulgación de nuestras joyas naturales.

Y aquí es donde me lanzo a la piscina: ¿por qué no crear un Museo Natural de la Comunidad de Madrid? Un lugar que, al igual que hace el Museo Arqueológico Regional con nuestra pasado, sirva para conocer con el detalle debido todo nuestro patrimonio natural por medio de exposiciones permanentes y temporales, fomentando la investigación, la observación de aves, el ecoturismo en los espacios protegidos madrileños… Un Museo Natural que debería sumar todo lo etnológico, con el objetivo de recopilar todos los saberes tradicionales de nuestro medio rural, sus viejos oficios, sus cuentos, sus cantares, las herramientas y utensilios de los que se valían en su día a día… En resumidas cuentas, todo aquello que estamos a un brete de perder irremediablemente si no hacemos nada por evitarlo mientras estemos a tiempo, aunque mucho me temo que ya hay mucho perdido para siempre.

Un espacio museístico de estas características no es un gasto superfluo, como muchos pensarán, es una inversión habida cuenta de la gran labor de educación ambiental que podría realizar. Además, haciendo las cosas bien, se estaría sumando un atractivo turístico y cultural de primer orden al catálogo regional de museos.
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