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Adiós a El Juli, siempre dando la cara por la Fiesta... para bien y para mal

Adiós a El Juli, siempre dando la cara por la Fiesta... para bien y para mal

Por Emilio Martínez
jueves 27 de julio de 2023, 17:45h
Actualizado: 31/07/2023 08:04h
Figura indiscutible y hasta mediático. No creo que nadie pueda discutirle tal doble catadura. Porque El Juli acaba de dar el bombazo informativo de la temporada al anunciar su adiós al concluir la actual campaña y después de un cuarto de siglo de su doctorado y tres décadas como profesional en los ruedos. Una trayectoria con luces, en lo comercial y mercantil de la Fiesta, y sombras, por su toreo ortodoxo sin la chispa del arte ni el cante jondo. Por su lidia tantas veces ventajista (como el resto de los mandamases del escalafón) frente a bicornes de elegidas ganaderías comerciales (como el resto de los madamases del escalafón), aunque capaz de triunfar iguamente cuando tuvo el innecesario gesto de matar bureles de hierros considerados duros como Victorino Martín y La Quinta (a diferencia de la mayoría del resto de los mandamases del escalafón). Eso sí, a su manera, Julián López siempre se echó la responsablidad de la Fiesta sobre sus hombros sin rehuir, salvo excepciones, ferias ni casi nunca compañeros de cartel.

Guste a la mayoría de público y casi nada a la minoría en extinción de aficionados exigentes, es justo y necesario admitir que a El Juli no se le puede negar que en estos 25 años, consciente de su responsabilidad con la Fiesta como figura con indiscutible tirón taquillero, siempre dio la cara. A su manera, sí, se insiste, con sus toros de sus divisas favoritas, facilonas, blandas y justas o ayunas de bravura, todas del encaste Domecq -y mayormente hasta el abuso de Domingo Hernández/Garcigrande-, a los que aplicaba su toreo también comercial e industrial. Igual, se insiste, que otras figuras con las que coincidió como Espartaco, Ponce (el más ventajista de la historia), Manzanares, Castella, Perera y tantos otros.

En el debe de su historial no puede olvidarse su horrorosa creación a la hora de matar que se balutizó como 'julipié' (foto), casi la antítesis del volapié, tan cantada y loada por sus admiradores generales y algunos disfrazados de críticos taurinos. Consiste en echar la muleta plana al hocico del toro para taparle la visión, pegar un salto lejos de los pitones y clavar el estoque donde sea, bajo la tramposa ley universal e que 'to' es toro.

Pero tampoco debe cuestionársele que, saiendo su condición de máxima figura o casi por su tirón taquillero (ya en descenso desde la aparición de Roca Rey y la 'resurrección' de Morante, que actuamente le superan en expectativas y honorarios), siempre aceptó tal compromiso de anunciarse en todas partes y con todos los compañes, incluso los modestos.

Algo que no ha tenido quien más podía y debía defender la Fiesta, sobre todo en tiempos de ataques: el más mediático internacionalmente de los coletudos, José Tomás. Al de Galapagar desde hace más de una década no le importa nada la Fiesta, que nunca ha defendido, ni siquiera cuando se negó a ir a declarar al Parlament en su condición taurina y mediática, antes de que se prohibieran los toros en Cataluña. José Tomás sólo está interesado en brutales exigencias económicas y en dar la cara en cosos de segunda y tercera -jamás en los de primera- escogiendo también compañeros y bureles de hierros comerciales.

Por cierto, Tomás, que se niega a hacer declaraciones a los medios de comunicación, ni siquiera cuando torea -¿...¿-, úncamente una vez en su larga carrera se atrevió a anunciarse con una ganadería dura, la de Adolfo Martín; fue en Las Ventas hace más de dos décadas y pegó el petardazo de que le echaran el bicho al corral. Qué duda cabe de que su categoría como torero es infinitamente superior a El Juli -y al resto-, pero a diferencia de él, jamás quiso hacer nada por la taurmaquia.

El Juli, que ostenta un importante número de récords estadísticos de festejos, orejas y rabos cortados, indultos y similares estadísticas, se marcha por decisión propia anunciado en todas las ferias y cerrando su trayectoria en octubre en la de Otoño en Madrid y en la de San Miguel en Sevilla. Pero le falta una importantísima estadística que en parte devalúa todas las demás: la espina clavada de haber salido sólo una vez a hombros en la cátedra y catedral del toreo, Madrid, en más de cincuenta actuaciones.

Un balance que también refleja su apuesta en números por la cantidad y le aleja de la calidad, y que muestra a las claras que nunca 'entró en las preferencias de la (cada vez menos) exigente afición venteña. Ya que no sólo las figuras -con El Viti encabezando la serie con 14 Puertas Grandes-, sino otros muchos coletudos que ni se acercaron a la catadura de mandamases le superan en este importante listado.

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