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Un milagro carísimo

martes 27 de noviembre de 2018, 08:10h

Dice la alcaldesa Carmena que las cuentas del Ayuntamiento de Madrid son un milagro. Un conocido suyo se manifestó así y la regidora hizo suyo ese discurso. Aunque no sepamos qué milagro divino le ha servido de referencia, yo creo que rememoraba la multiplicación prodigiosa de los panes y los peces. Cuentan los evangelios que Cristo, apañándose con una pequeña cantidad de alimentos, cinco peces y dos panes, consiguió dar de comer a la multitud que lo seguía. Aquello sí que fue una maravilla: con tan pocos medios organizó el almuerzo de miles de personas. No es el caso de nuestro Ayuntamiento.

Admiro el optimismo que caracteriza las intervenciones públicas de Carmena y aplaudo la buena gestión de nuestros dineros, pero debo añadir que los ingresos del consistorio, como aquellos panes y aquellos peces, se han reproducido en los últimos años. Cada anualidad, cuando el correo me trae el correspondiente recibo del IBI, me entra la tembladera. “¡Volvió a subir!”, exclamo indignado y dolido. Desde que Gallardón, Presidente que fue de la Comunidad y del Ayuntamiento, actualizó el catastro de bienes inmuebles, el dichoso IBI se ha disparatado. Puedo asegurarles que muchos madrileños pagamos ahora el doble de lo que abonábamos un lustro atrás.

Tal es el desafuero, tal el disparate fiscal perpetrado, que el IBI se ha convertido en un impuesto confiscatorio. En muchos casos que yo conozco personalmente, la tremenda aportación se lleva buena parte de la paga extra de Navidad. Una pasta gansa la que ingresa cada año por ese concepto el Ayuntamiento.

Hablemos también, señora Carmena, de las plusvalías, una tasa local que graba las cantidades obtenidas por la venta de viviendas, locales y terrenos. Afortunadamente para todos, despejada la crisis que sucedió a la explosión de la burbuja inmobiliaria, este tipo de transacciones comerciales se ha recuperado en Madrid más del 13%. En la misma proporción asciende el dinerito extra que entra es las arcas municipales.

Para financiar la buena marcha de su negociado financiero, también cuenta usted con una retahíla de gravámenes, tributos y contribuciones que cargan infinidad de actividades ciudadanas. Del automóvil y sus movimientos por Madrid se saca mucho rendimiento. Ahí está, sin ir más lejos, y nunca mejor dicho, el impuesto de circulación y los buenos euros que nos cuesta estacionar el coche en las zonas de aparcamiento regulado. No se olvide usted de otro apunte contable muy positivo: el que se refiere a los miles de multas diarias que sancionan a los conductores. Otra aportación fabulosa de los incautos automovilistas. Suma aparte se merece el capítulo de licencias: de explotaciones varias, de obras, de accesos a garajes, de veladores y terrazas, de venta ambulante y algunas más que ahora no recuerdo.

Tantos recursos permiten al Ayuntamiento de Madrid afrontar los gastos del municipio, amortizar parte de la deuda y llevar a buen puerto los caprichitos ideológicos que encandilan a los concejales de Ahora Madrid. El milagro de Manuela Carmena nos sale carísimo.

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