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La nueva burbuja inmobiliaria

lunes 11 de junio de 2018, 10:49h

Desde finales del año 2014 se está produciendo en buena parte de los municipios españoles un fenómeno de repunte en el precio tanto de compra de vivienda como de alquiler de la misma, lo que dificulta notablemente la permanencia de los vecinos en los mismos municipios donde han crecido o donde se han establecido con sus familias.

Si bien los casos más flagrantes los tenemos en el centro de las grandes ciudades, el precio también se ha disparado en multitud de municipios cercanos a éstas. Es el caso de Las Rozas, donde el precio de alquiler por metro cuadrado es ya record histórico y la tendencia es alarmante, con subidas de más del 20% anuales que tienen en vilo a los inquilinos cuyas vidas son ya parte del municipio.

¿Qué consecuencias tiene para un municipio perder a su mayor activo, las personas?

Las Rozas de Madrid se suele describir como ciudad-dormitorio y no es una denominación casual: el 75% de sus vecinas y vecinos trabajan fuera del municipio -el 50% en Madrid-, lo que genera, per se, un serio problema de movilidad. La necesidad de hacer de las Rozas un municipio cohesionado, donde vivir signifique mucho más que pernoctar, pasa necesariamente por que los roceños y roceñas puedan hacer vida de verdad en nuestro pueblo. La subida de los precios de alquiler y compra contribuye, por el contrario, a seguir expulsando a quienes conforman la base histórica del pueblo y sustituirlos por nuevos vecinos con empleos fuera de este, agravándose así nuestro principal problema: cada vez somos más dormitorio y menos ciudad.

Es preciso poner negro sobre blanco este problema, pero también hay que proponer soluciones desde las instituciones, siempre abiertos a que sean los y las ciudadanas quienes propongan nuevas iniciativas. Madrid, Barcelona o Palma ya están tomando ya medidas valientes con las plataformas como AirBnb que, si bien en su momento permitieron democratizar el turismo, hoy se han convertido en uno de los principales factores de gentrificación de estas ciudades. En Las Rozas hace falta poner el cascabel a este gato, pero especialmente apostar por una vivienda pública de alquiler a largo plazo que permita hacer proyectos de vida a las personas que viven aquí.

Sin embargo, el Ayuntamiento de las Rozas ha hecho exactamente lo contrario: con la venta a precio de saldo del Montecillo y La Marazuela ha puesto nuestra escasa vivienda pública en manos de fondos buitre a los que no les importa la cohesión de la ciudad ni los proyectos de vida de los vecinos, sino sólo su cuenta de resultados a final de año y como ganar aún más el siguiente.

Los poderes públicos no deben velar por los beneficios de un fondo buitre, sino por los intereses de la ciudadanía a la que representan. Deben ser valientes y promover ciudades habitables, ciudades donde arraigar y formar familias, ciudades vivas. Al fin y al cabo, el servicio público consiste en eso, mandar obedeciendo a la gente.

Alberto Oliver es diputado en la Asamblea de Madrid por Podemos y candidato a secretario general de Las Rozas

Alberto Oliver

Diputado de Más Madrid y portavoz de Transparencia

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