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Amagos

lunes 09 de abril de 2018, 07:44h

Hay cierta confusión en las noticias últimamente. Se habla de un máster prodigioso que se hizo pero que no existe o que existe pero no se hizo, quizá en involuntaria metáfora de la verdadera utilidad final de muchos de ellos. Se habla también de un gobierno nacionalista que se amagó pero tampoco existe sobre el que colea una rebelión que ahora resulta que tampoco existió. Por si faltaba algo, se habla de un reiterado amago de reconciliación en la Familia Real que tampoco parece dar síntomas de existir. Vivimos pues en el amago. Después de días y días, de cháchara y especulación sobre el llamado incidente de Palma entre las reinas de España —con la incontestable constatación de que eso había ocurrido en realidad y no se trataba de una serpiente de primavera, esa que también finge existir— nadie preguntó al rey Felipe sobre el asunto en sus reiteradas visitas a su padre convaleciente. Fue como si el famoso gran desplante, la reina madre de todos los desplantes, nunca hubiera existido por mucho que las imágenes del asunto se repitieran en la moviola, hacia atrás y hacia delante y viceversa, como de un penalti o fuera de juego se tratara (quizá eso fue en definitiva).

Tal vez haya que implantar el ojo de halcón en la Familia Real antes del Mundial.

Así que nadie se escandalice porque Rajoy haya clausurado la Convención del PP haciendo un Rajoy, es decir no diciendo nada. Apoya pero no apoya a Cifuentes, ganará las próximas elecciones o intentará no perderlas mucho y si esto es así, como también amagan las encuestas, que no sea porque él no haya hecho su propio máster en amagos.

La presidenta de Madrid no ha tenido una buena Semana Santa. Quizá porque esta tampoco ha existido o solo se haya amagado, medio anulada por la climatología —ni siquiera el Cristo de Medinaceli completó recorrido— o por esa manía de cambiarla de fechas. Ha sido un visto o no visto: un amago en efecto digno del Butragueño de la Quinta o de Messi, su sucesor en los amagos imposibles.

Puede que Cifuentes crea de verdad que ha hecho su máster, ¿por qué no iba a hacer ella su propio amago? Qué manía en negar a los políticos su derecho a la fantasía. Ya advirtió Orson Welles en “Fake”, a través del falsificador de obras maestras de la pintura Elmyr de Hory, que cualquier réplica por falsa que fuera podía alcanzar la verosimilitud si estaba bien lograda y hasta superar al original. A ver si ahora también vamos a negar al genio.

No es de extrañar que se haga urgente un acuerdo, tal y como plantea la UE, sobre cómo afrontar las noticias falsas, también llamadas fake-news para despistar, antes de que estas de verdad existan y las noticias amagadas o falsas acaben siendo en realidad las verdaderas.

Y así anda ahora todo el mundo: escudriñando con lupa los curriculums en busca de algún amago.

A ver si por lo menos es verdad que esta semana estamos en semifinales.

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