El Teatro Real anuncia en toda su publicidad la celebración de la temporada del bicentenario, los doscientos años de su fundación. ¿Qué es lo que celebra realmente?
El telón del gran teatro madrileño de ópera se levantó por primera vez el 19 de noviembre de 1850 con la ópera ‘La favorita’, de Donizetti. Es decir que las puertas se abrieron al público hace 167 años, no 200. ¿Qué pasó en los 32 años anteriores?
En 1817 había comenzado el derribo del viejo coliseo de los Caños del Peral, antecesor del actual teatro. El 23 de abril de 1818 el rey Fernando VII colocó la primera piedra del futuro teatro... que bien pudo ser la última. Los primeros trabajos avanzaron muy lentamente y, en 1820, se paralizaron. La falta de fondos congeló el proyecto durante doce años. En las tres décadas siguientes se sucedieron las iniciativas para reanudar el proyecto. Finalmente, el 20 de enero de 1850 el Ministerio de la Gobernación publicó la Real Orden para elegir empresa que terminara el teatro. En el primer punto del condicionado de la subasta leemos:
"Será obligación del contratista hacer en el término de un año, a más tardar, todas las obras necesarias en el interior del teatro hasta ponerlo en disposición de que puedan darse representaciones".
No fue necesario agotar ese plazo porque, como hemos adelantado, el teatro se abrió diez meses más tarde. El Real estuvo siempre bajo la tutela del Estado, si bien durante todo el siglo XIX se arrendó a empresarios privados, encargados de gestionar la contratación de artistas y la programación a desarrollar cada temporada. Este teatro fue en innumerables ocasiones una ruina económica para todos aquellos que se aventuraban a ponerse al frente.
El siglo XX fue mucho más azaroso para el enorme recinto, que llegó a estar cerrado durante varios años y que vio desaparecer la ópera de su escenario durante varias décadas.
El 5 de abril de 1925 el Real ofreció la última representación lírica antes del cierre por amenaza de ruina. En noviembre de ese año se presentó una moción en el Ayuntamiento proponiendo el derribo del Real. Estimaba la alcaldía que con 15 millones de pesetas se podría levantar un teatro nuevo, operación más rentable que dedicar varios millones a reparar el viejo caserón. La moción, obviamente, no prosperó. Pero el teatro Real permaneció cerrado cuarenta años. En 1952 el gobierno franquista, muy optimistamente, anunció que volvería a abrirse en 1954, tras realizar las necesarias obras de consolidación. Pero no fue hasta el 13 de octubre de 1966 cuando se reinauguró convertido en sala de conciertos sinfónicos. El enorme escenario fue reducido y solo podía albergar orquestas sinfónicas. La Orquesta Nacional, dirigida por Rafael Frühbeck de Burgos, protagonizó la reapertura. También intervino el Orfeón Donostiarra en la Novena Sinfonía. En los altos del teatro se estableció la escuela de arte dramático y el conservatorio. Con esa dedicación exclusivamente sinfónica estuvo otros 22 años.
El 13 de abril de 1988, con la Novena Sinfonía de Beethoven, interpretada por la Orquesta y Coros nacionales, cerró la etapa sinfónica del teatro. Entonces ya estaba casi listo el Auditorio Nacional de Música, que se inauguraría el 21 de octubre de ese año.
El próximo 11 de octubre el Real sí celebrará una cifra redonda: los veinte años de su reapertura como teatro de ópera. Entre 1988 y 1997 el teatro sufrió una complejísima reconstrucción (muy cara también...) para que volviera a ser el templo de la lírica, como fue concebido por Fernando VII e Isabel II. Hace veinte años los reyes don Juan Carlos y doña Sofía (que estuvieron como príncipes en la apertura de 1966) presidieron la gala de reapertura en la que se interpretaron dos obras españolas: ‘El sombrero de tres picos’ y ‘La vida breve’. En estas dos últimas décadas el Real madrileño se ha consolidado como uno de los principales teatros operísticos de Europa.
Así que el bicentenario que está celebrando el Real, no es el de su apertura al público, sino el del inicio del proyecto, cuya ejecución se demoró treinta y dos años.