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‘El lago de los cisnes’, en el Teatro Gran Vía.
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‘El lago de los cisnes’, en el Teatro Gran Vía. (Foto: Antonio Castro)

Un lago para el verano

martes 27 de junio de 2017, 19:20h
Madridiario se cuela en los preparativos de El lago de los cisnes, todo un espectáculo que el Ballet Clásico de San Petersburgo vuelve a poner en escena en el Teatro Gran Vía.

El lago de los cisnes vuelve a la cartelera, al Teatro Gran Vía, para permanecer hasta el 3 de agosto. La representación corre a cargo del Ballet Clásico de San Petersburgo, viejo conocido de los espectadores madrileños. Esta compañía fue fundada por el solista principal de Mariinskiy Ballet Andrey Batalov (director artístico y coreógrafo) y por Andrey Sharaev (director general). Batalov intervendrá también como solista en algunas de las primeras representaciones.

En el elenco destacan las estrellas de ballet de San Petersburgo, como Ekaterina Bortiakova, Cristina Terentieva, Nikolay Nazarkhevich, entre otros artistas internacionales.

El argumento de ‘El lago de los cisnes’ es, a estas alturas, muy conocido. El príncipe Sigfrido se enamora de la princesa cisne Odette, la víctima de un poderoso y malvado mago. Solo el amor verdadero puede vencer la maldición. Sigfrido también será blanco de los engaños del hechicero. Al conocer el engaño, el príncipe volverá al lago para librar una batalla por el amor de Odette. Cisne Blanco y Cisne Negro son dos polos opuestos: uno es dulzura y fragilidad, el otro: poder y provocación.

Al igual que pasa con el repertorio operístico, el de ballet clásico tiene media docena de títulos que son imprescindibles en cada temporada y que nunca cansan a los aficionados a la danza. Además del lago, Giselle, La bella durmiente, El cascanueces o Don Quijote no suelen faltar en las carteleras. Esta temporada veraniega la compañía visitante apuesta por un solo título.

Además de asistir al ensayo, Madridiario ha tenido oportunidad de adentrarse en los camerinos minutos antes de la representación. Sobre la escena todo es luz y belleza. Entre bastidores, los artistas deben desenvolverse en espacios angostos y compartir camerinos. Bajo el escenario, los elementos del ballet, relajan los músculos y se recomponen los maquillajes a la espera de subir a escena. En esos espacios íntimos el artista queda a las puertas. Dentro, los profesionales exhaustos por el esfuerzo y, en estos días, por las altas temperaturas que deben soportar.

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