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El esfuerzo y la sopa boba

martes 16 de agosto de 2016, 08:57h
Viendo estos días el desarrollo de los Juegos Olímpicos, y las proezas que estos deportistas son capaces de hacer, no puedo quitarme de la cabeza una idea que me ronda: qué tremenda lección de esfuerzo, constancia y trabajo dan estos chicos y chicas. Luchadores contra los elementos, contra la vagancia, contra la propia frustración de saber que el durísimo entrenamiento de años se puede ir al traste por un traspiés, un mal paso, una lesión inoportuna … o simplemente, porque los otros demuestren ser mejor que tú.

Como la otra cara de la misma moneda, veo a esos famosos sin oficio ni beneficio, que viven -y muy bien- del cuento, de relatar intimidades suyas o de otros, a veces sin que ni siquiera sean verdad; de inventarse relaciones sentimentales con artistas, de montar escándalos, de escenificar rupturas o reconciliaciones con el único fin de llenar la saca. Sin ningún pudor, sin ninguna preparación, sin ningún esfuerzo. Sin ningún remordimiento. Y en muchas ocasiones, ganándose sin ningún motivo la admiración de quienes, por cientos de miles, les siguen desde el otro lado de la pequeña pantalla.

Frente a ellos, están los otros. Los que miramos desde el sofá, laxos y relajados, mientras les exigimos un esfuerzo más, o criticamos que lleguen penúltimos o queden décimos en pruebas en las que están a pocas décimas de quienes consideramos semidioses. Gente con voluntad de hierro, a los que no vemos levantarse cada mañana, día tras día, semana tras semana y año tras año, para ir a entrenar durante una jornada laboral completa, en plena juventud y sin pararse en que los sobreesfuerzos del presente les pasarán factura en el futuro. Personas de otra raza, decididamente superiores a nosotros por su cuerpo y, sobre todo, su voluntad de acero. Sufridores esforzados a los que, en términos generales, ni reconoceríamos si tuviéramos ocasión de cruzarnos con ellos en el aeropuerto, cuando vuelvan de Río. El día que entendamos que son ellos, y no los otros que citaba antes, los que se merecen los sueldos millonarios, el reconocimiento y la fama, además del respeto general, habremos dado un gran paso.
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