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¿Negociación?

jueves 07 de abril de 2016, 19:01h

Más que negociación, la reunión a tres para formar gobierno, podría ser la escenificación de un desengaño. Albert Rivera lleva poco tiempo en política y tengo la sensación que se va a llevar el primer llanto de su carrera. Le van a traicionar. Creyó que tenía suficiente poder como para ir de la mano de Sánchez pero no es así. D. Pedro necesita algo más de lo que puede ofrecerle Albert.
Es algo así como esa o ese amante que deja a su pareja por el amplio bolsillo de otro candidato que, aunque viejo, puede satisfacer casi todas sus aspiraciones menos una.
El líder de Ciudadanos se precipitó al creerse el amor que le ofrecían, la sinceridad que le manifestaban, el programa que iban a compartir hasta la eternidad.
Desde el principio, el líder del PSOE ya tenía claro que debía acercarse a esos populismos que habían sido denigrados e insultados antes del 20 de Diciembre. “Los populismos son pobreza, cartillas de racionamiento y otros males” decía Pedro Sánchez al hablar de Podemos. Pero eso se acabó al comprobar que iba a necesitarlos para que le sujetasen la silla de la Moncloa. Porque Sánchez tiene un objetivo personal y solo uno: ser el Presidente del Gobierno de España. Lo que no tengo claro es si prefiere ser ex Presidente porque, sabe, porque debe saberlo, que nunca podrá gobernar con Pablo Iglesias. El coleta no se lo permitirá. Es mejor líder que él, mejor político, mucho más manipulador, puede decir una cosa y la contraria sin cambiar de rictus y es capaz de eliminarr cualquier principio con más habilidad, si con ello puede llegar a transformar lo que necesita para que este país sea lo que él quiere que sea, que es exactamente lo que no queremos la mayoría. Si, si, la mayoría, porque el número de votantes del PP, del PSOE y de Ciudadanos es mucho mayor que los votos conseguidos por Podemos, le pese a quien le pese.
Pero eso no significa nada. Pedro Sánchez quiere ser Presidente del Gobierno y sólo puede serlo si Pablo Iglesias y otros como él, le votan. Y lo hará. Cada vez estoy más convencido que no habrá nuevas elecciones. Rivera se quedará tirado en la cuneta y encima le acusarán de haber roto el pacto, de radical, de intolerante y de unas cuantas lindezas más. Albert estorba enormemente el camino que Pablo tiene diseñado para engullir a Pedro y hará lo imposible para expulsarle de su lado. Y, créanme, está en el camino. Ahora resulta que el radical es Rivera. Sólo falta que le llame comunista y bolivariano.
Sánchez sabe que ni Rivera puede pactar con Podemos, ni Iglesias puede aceptar el programa español de Ciudadanos. Pero el Secretario General socialista tiene dudas sobre la necesidad de que el catalán siga en su entorno. Pedro quiere sentirse libre y poder negociar con quien quiera sin tener límites, ni líneas rojas. Por otra parte al Secretario General morado no le importa nada la negociación hacia la Moncloa porque no es ese su objetivo. Sólo pretende seguir comiéndose al PSOE y para eso necesita que Rivera esté en otro escenario distinto. Y ahí están: buscando como denigrar a Ciudadanos que no se mete con nadie, que es el único que intenta hacerlo lo mejor posible, para dejarle fuera, sin merienda, sin tarta y sin postre. Mientras el PP se mantiene en esa posición de gobierno que se parece más a la oposición que es la que tendrá dentro de unos días.
¿Y los ciudadanos? Que más da lo que pensemos los ciudadanos, si entre Sánchez e Iglesias nos contarán la mentira que quieran, si llega el momento. Ahí estamos: miramos a un lado y a otro con la única cara que nos dejan, sin saber nada de lo que en realidad pretenden estos políticos de medio pelo.
Eso nos pasa por dejarnos engañar y querer salir, sin saber por qué, del bipartidismo y de las mayorías absolutas.

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