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Calle del muelle

lunes 07 de marzo de 2016, 10:01h
En la década de los años ochenta, coincidiendo con la movida madrileña, el fenómeno del grafitis se hizo presente en fachadas, tapias, marquesinas, monumentos y elementos del mobiliario urbano. Algunos lo definieron como arte urbano, la nueva expresión de la cultura underground, la libertad de creación pintada en un espacio público. Para otros, entre los que me encuentro, era una forma estúpida de ensuciar la ciudad, de pintarrajear muros, portadas de edificios, fachadas de bancos, comercios y viviendas, paneles y vagones de tren. Estaba, y estoy de acuerdo, en que cada uno que se considera artista, es libre de expresarlo, pero que lo haga como se ha hecho siempre: sobre un lienzo, una tabla o un papel. Y si lo que le gusta es dejar su ingenio plasmado en lugares públicos y en paramentos ajenos, que haga pintadas en el portal donde vive, a ver qué dicen sus vecinos; en la puerta de su vivienda, o en coche de su padre, y de esta manera comprobará si sus más allegados son tan comprensivos con sus creaciones como intenta que lo sean los ajenos.

Por aquella época de los ochenta, en pleno estallido del grafitis, el rey de spray era un individuo anónimo que firmaba como “el Muelle”, cuyo nombre era Juan Carlos Argüello. Pintarrajeó todo Madrid, sin que ningún experto fuera capaz de encontrar un ápice de arte en sus creaciones. Fue el grafitero-ensuciador más perseguido por las autoridades, que lo buscaban para que pagara el gasto ocasionado al erario público, o restituyera la limpieza allí donde había descargado su spray. Recuerdo que el entonces gobierno municipal de Enrique Tierno, intentó identificar al Muelle y que pagara todo el deterioro que había producido.

Más de treinta años después, los herederos de aquellos concejales socialistas, junto a los nuevos de Ahora Madrid, han aprobado que se le ponga el nombre de una calle al Muelle, en el barrio de Campamento, donde vivió y pertrechó la mayoría de sus desafueros con el spray. Menos mal que se queda ahí la cosa, porque también se les podía haber ocurrido quitar el nombre a la calle de Goya, y llamarla del Muelle, por aquello de renovar el callejero con nuevos artistas.
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