www.madridiario.es

El delgado hilo que se quiebra

jueves 11 de febrero de 2016, 08:05h

Cuando el 13 de junio de 2015 Manuela Carmena fue elegida alcaldesa en acto solemne celebrado en el salón de plenos del Palacio de Cibeles, sucedió algo que no había ocurrido antes: la alcaldesa salió a la calle, donde la esperaban miles de personas que la vitoreaban, aplaudían y jaleaban, celebrando su triunfo y su llegada al sillón de la Alcaldía. He sido testigo de actos solemnes de promulgación de otros alcaldes y alcaldesas, algunos de los cuales obtuvieron en las urnas victorias electorales muy superiores, en números absolutos y en porcentaje, a las logradas por Manuela Carmena; pero debo confesar que nunca había notado ese calor en la calle.

Ilusión es la palabra que mejor definía lo que allí sucedía. Ocho meses después, ¿puede asegurarse que se mantiene ese mismo sentimiento? Ha habido decisiones erróneas, políticas mal explicadas, meteduras de pata. Y también aciertos, claro; no sería justo decir lo contrario. Pero de entre el conjunto, tengo la impresión -desde fuera y sin ánimo de ofender- de que la balanza se vence por el lado de los despropósitos.

La política nos envuelve y nos transforma la vida, aunque no lo queramos; aunque no lo creamos. Que un político consiga ilusionar con su actuación, y aún más que consiga hacerlo sólo con la esperanza de que va a actuar, es un prodigio. Mantener esa confianza puede que sea pedir un milagro. Pero desperdiciar ese tesoro, permitir que ese hilo se rompa por estupidez o ineptitud, es imperdonable. Quienes llegaron al Ayuntamiento cargados con tanta fe ajena, con tanta confianza en ellos y en que trajeran otro modo de hacer las cosas, deben medir muy bien sus pasos; porque si engañar es malo, peor aún es decepcionar.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+
0 comentarios