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No te vistas para cenar: vuelve el vodevil

jueves 02 de mayo de 2013, 00:00h
Actualizado: 05/05/2013 19:28h
El teatro Rialto cede su escenario, destinado habitualmente a musicales, para una temporada de comedia con la nueva producción de “No te vistas para cenar”, de Marc Camoletti. El autor suizo obtuvo un gran éxito el año 1962 con su vodevil “Boeing boeing”, repuesto constantemente por todo el mundo. A partir de ese momento las compañías humorísticas se disputaron sus obras. Madrid no fue una excepción.
El mismo año de su estreno, “Boeing Boeing” llegó a Madrid con Juanjo Menéndez, Lina Morgan, Marisol Ayuso y Ana María Vidal en el reparto. La comedia que reponen ahora en el Rialto también se ha visto anteriormente con Kremel y Sazatornil. Se cumplen diez años de la muerte del autor y quizá por eso sea un buen momento para recuperar alguna de sus obras.

“No te vistas para cenar” tiene los ingredientes indispensables del vodevil: varias puertas en escena, personajes de elevado nivel social y moral relajada, una chica explosiva, otra chica detonante, un amigo ligeramente pánfilo y una situación equívoca que parte del disparate para llegar al absurdo máximo. Este es un género teatral mecánico –no hablo, por supuesto, de Feydeau o Labiche-que debe cumplir unas reglas de puesta en escena, ritmo e interpretación. El objetivo es siempre hacer reír al espectador desde la primera escena. Que el público vea lógico que cada situación disparatada e inverosímil sea superada por la siguiente. Si pasa dos horas de carcajadas se va a casa muy satisfecho. Y esto parece que se consigue en el Rialto.

El argumento es casi accesorio. Un joven matrimonio se dispone a pasar un fin de semana por separado. Cada uno de ellos tiene prevista una aventura. Pero todos los planes se tuercen, sobre todo cuando aparece una genial cocinera que se queda con el santo y la limosna. Al final, cada oveja se queda con su pareja.

En la España de la posguerra y la censura, el vodevil triunfó rotundamente en los escenarios. No se hablaba de política, no planteaba situaciones comprometidas para el Régimen, mostraba un poco de carne fresca y siempre acababa decentemente. Hubo muchas compañías y directores que estuvieron años poniéndolos en escena. Dos títulos, “Una noche en su casa, señora” y “Sé infiel y no mires con quien” se eternizaron en la cartelera.

Jesús Cisneros y su esposa Yolanda Arestegui hace varias temporadas que decidieron, con  su productora, seguir la senda de Closas, Saza, Osinaga o Pepe Rubio. En estos tiempos turbulentos ofrecer dos horas de diversión es muy sano. “No te vistas para cenar” es su último empeño en el que invierten su dinero y su trabajo como heroica compañía privada de teatro. Ellos son los protagonistas, desenvueltos, desenfadados. Cuentan siempre con la complicidad de Antonio Vico, aquí el amigo aturullado que debe sacar las castañas del fuego. Un amigo segundón, de esos que tan bien trazaban Mihura y Jardiel y que necesita un actor sólido que los defienda. Pero la función tiene una bomba escénica, que es Aurora Sánchez. Su comicidad, en la línea de las grandes absurdas españolas –las Muñoz Sampedro, Gracita, Mari Carmen Prendes- desborda el papel de cocinera. Cada salida a escena desternilla al público.

Supongo que el director, por su juventud, no ha podido ver muchos montajes de este género. Le hubiera venido bien para sacar más partido a algunas de las situaciones y personajes de esta comedia, que gana espectadores día a día porque los que salen divertidos la recomiendan inmediatamente a sus amigos y conocidos.
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